Usos de la lengua

Sobre juegos y sabores
por María Eugenia Álvarez

I. Una de las cosas que más me ha interesado y me ha causado curiosidad a lo largo de mi vida es el uso o los usos que se hacen de la lengua. Por supuesto que siempre hablo en términos generales de todas las lenguas pero mis referencias concretas siempre toman contacto con la que me identifica y la cual intento seguir conociendo cada día, que es la castellana. Tal vez para muchos pueda sonar un poco extraño que como estudiosa de la lengua y de la lingüística ponga en tensión los conocimientos que tanto un hablante común como un experto pueda tener de su propio idioma. Personalmente creo que el saber idiomático es inabarcable, aunque conozcamos todas las reglas, aunque tengamos una memoria prodigiosa que nos permita recordar todas las excepciones y cada una de las posibilidades de combinación de unidades, aunque sepamos cada concepto y su posibilidad de aplicación, creo que siempre hay un espacio al que no accedemos con el sólo estudio de la lengua. Noam Chomsky nos advirtió de estas posibilidades cuando habló de la creatividad del hablante para comprender o producir cantidad infinitas de combinaciones. Hay otro conocimiento al que no accedemos ni siquiera desde el hecho de haber captado completamente todo el fenómeno, un conocimiento de otro orden, efectivamente.

Me gusta hacer analogías entre el lenguaje y la comida. Por eso inmediatamente me remito al ejemplo del postre helado que más me gusta. En mi vida siempre he pedido los mismos gustos, nunca cambio; jamás son iguales ni siquiera en la misma heladería, siempre hay una mínima diferencia. Aunque hayan sido elaborados con los mismos ingredientes, respetando las mismas condiciones, aunque provengan del mismo recipiente almacenado: el modo, la cantidad y la consistencia en que son presentados para la degustación son únicos. Es el “truco” de quien manipula los elementos y los combina de manera que el producto final nunca sea idéntico.

Collage de tres fotos

También las analogías con los deportes resultan ilustrativas. En el tenis, por ejemplo, un jugador puede ensayar una cierta cantidad de repeticiones de un mismo movimiento muy pautado técnicamente con una frecuencia determinada y manteniendo una misma aceleración del brazo para que la pelotita impacte en la raqueta y se desplace a una velocidad determinada. Seguramente hay una búsqueda de un lugar particular donde el jugador quiere que la pelota pique en el suelo del campo del adversario, pero también es seguro que no picará siempre en el mismo lugar ni en la misma dirección ni irá a la misma altura ni con la misma velocidad, sencillamente porque una ejecución nunca será idéntica a otra: una gran cantidad de variables intervienen en la producción del impacto y la mínima modificación de cada una hace que el resultado final sea muy diferente.

Con la lengua pasa lo mismo que con el helado y con el tenis: por muy reglada que esté, no sabemos cómo va a saber exactamente el helado o hacia dónde va a salir la pelotita.

Con la lengua pasa lo mismo que con el helado y con el tenis. Por muy pautada y reglada que esté la cantidad de combinaciones posibles, no sabemos cómo va a saber exactamente el helado a pesar de ciertas predicciones que nuestra experiencia nos pueda adelantar, tampoco sabemos hacia dónde va a salir la pelotita aunque podamos prever algunos movimientos. Y esto es así porque la estructura es una cosa, el sistema otra y la puesta en marcha de esas estructuras en un sistema es otra completamente diferente. Esto significa que puedo conocer todos los elementos, reglas y las combinaciones posibles que un sistema me permite, pero en los juegos del lenguaje, como en el juego del tenis o en la degustación, intervienen cuestiones que son absolutamente situacionales y por lo tanto no del todo previsibles.

Collage de dos fotos

II. El tema de la relación entre la palabra y el mundo me sigue causando desvelos, en algunas ocasiones, y en otras me sorprende hasta el disfrute que existan tantas posibilidades creativas y expresivas. Eso vuelve la indagación una especie de movimiento pendular entre dos polos antagónicos que, dependiendo de dónde se ubique la aguja, produce satisfacciones o, por el contrario, ciertas angustias.

El hecho de tomar la palabra ha sido siempre una acción de poder. Porque uno decide tomar la palabra y proferir enunciados en una determinada situación bajo ciertas circunstancias, por lo tanto no es un hecho casual ni ingenuo, y mucho menos si los roles de enunciador y destinatario tienen un prestigio social diferenciado o si se encuentran jerarquizados. Pero tan importante como lo anterior es considerar qué es lo que se busca hacer con esos enunciados, lo que denominamos “intenciones”. Nuevamente nos encontramos en otro ámbito que no es específico de la lengua pero que afecta notablemente la acción de hablar y escribir, porque cada acto de lenguaje va a estar direccionado de alguna manera, de acuerdo con la finalidad que como hablantes tengamos.

Esto nos lleva a considerar que la elección la realiza quien toma la palabra y decide qué hacer con ella. Quien se apropie del aparato formal de la lengua, en términos de Emile Benveniste, está haciendo uso de un sistema que es social y colectivo con una finalidad que, éticamente, sería deseable que tendiera al bien común. Pero también puede hacer un uso abusivo, generalmente legitimado por las tradiciones o por instituciones de poder que son sociales. Por eso decimos que hacer uso de la palabra o de la lengua es un acto poderoso. Quien profiere el enunciado está en una ocasión de ventaja frente al otro que escucha o que lee y que deberá esperar su turno para responder o para adaptar su discurso al ya dado. Otra vez podemos estar hablando de juegos con respecto al lenguaje. Y como en todo juego, así como en el tenis, siempre hay un ganador.

De este último tema se ocupó el semiólogo argentino Eliseo Verón en un artículo titulado “La palabra adversativa” y publicado en 1987. Si bien la discusión se centraba en ejemplos de discursos del ámbito político, que en ese momento eran de gran alcance popular y mediático, podemos transpolar esa caracterización a cualquier intercambio discursivo actual que manifiesta una especie de lucha o juego de poder en el que uno de los dos miembros del par antagónico se impone a través de la palabra.

III. En la eterna disputa por el sentido es que se advierte el tremendo poder de la palabra. Una fuerza incrementada actualmente por la existencia de canales y medios de intercambio de mensajes instantáneos que disparan sentidos hacia lugares insospechados y cuyo efecto, en muchos casos, hoy es difícil de prever. Por eso es importante sostener y defender la democratización del uso de la palabra en los diferentes órdenes, así como proponer y exigir el derecho de la palabra verdadera como rasgo que nos iguala y vuelve comprensibles nuestras acciones. En ese sentido es que siempre intento rescatar lo que me resulta curioso y discutible, buscando poner en evidencia lo que se oculta inefablemente o bajo el velo de la palabra ingenua, y opto por la incomodidad de la controversia frente a los hechos verbales impuestos como verdades, buscando siempre la claridad de lo comprensible frente a la opacidad de lo ambiguo. Ese es el gran desafío del conocimiento de la lengua, conocerla para poder jugar al interminable juego de la disputa por sus sentidos.

Imágenes de sitios públicos de internet. Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación 26 de octubre de 2023

Foto de autora de la nota

María Eugenia Álvarez

Es profesora en Lengua y Literatura y especialista en Prácticas Redaccionales egresada de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias Sociales. Docente investigadora de las cátedras Investigación Lingüística, Análisis del Discurso y Teoría de la Comunicación Humana en la Licenciatura de Lengua y Literatura y en la Tecnicatura en Lenguas de la misma universidad. Ha escrito y publicado numerosos artículos para congresos y jornadas académicas, revistas de divulgación científica y libros. Dirige y participa de proyectos institucionales académicos, de investigación y vinculación con el medio.

Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

Ir al contenido