Narrativa

Arroio do Sal, RS
por Carina Sedevich | Ilustraciones de María Alicia Favot

We are all bugs in amber.
Kurt Vonnegut

Red flag le dicen ahora. Claro, pero hace veinte años era otra cosa. Él era otra cosa, sobre todo. Está cambiado esto, Negra, fijate que estas dunas tan cerca de la ruta no estaban el verano pasado. Habrá avanzado el mar, dice la Negra, y va guardando el mate en el fondo del canasto porque ya dejaron atrás las grandes letras de piedra blanca que anuncian el nombre del pueblito. Queda poco trecho hasta la posada. Qué increíble que haya que estacionar sobre la arena todavía, piensa él. Una lluvia y no saco más el auto. Ya le había pasado. Pero no el año anterior, sino veinte años atrás.

En la zona llueve en enero, poco, de vez en cuando. Pero una vez estuvo ahí en abril y llovió sin pausa varios días seguidos. Ahí se le empantanó el auto. Los lugareños lo ayudaron a sacarlo cuando se secó un poco la arena. No tenían apuro los del pueblo. Él tampoco. Se la pasaba en el balcón de la habitación, que daba directo sobre el mar. O en la cama, con Flor. Lo que más le gustaba en esa época era estar en la cama con Flor. Andaban desnudos día y noche. Ella, de madrugada, se tapaba la espalda con la sábana porque el fresco empeoraba su asma. 

No sé si está bueno, pensó el verano anterior, volver acá, donde estuve con Flor. El lugar es precioso, le había dicho a la Negra, mi hermana estuvo hace mucho con la familia y volvió encantada. No mintió. Su hermana le había pasado el dato hace veinte años y ahí nomás decidió que iba a ir con Flor a ese pueblito de pescadores del sur de Brasil. En Arroio do Sal no pasaba nada. No había boliches, no había ruido, no había shopping. Él y Flor no precisaban nada de eso.

Él no entendía, no la entendió nunca. Red flag, vuelve a pensar. Flor se ensombrecía con mucha facilidad.

Con el balcón de la posada, nomás, estaban en la gloria: desde ahí el mar parecía todo para ellos. Se acuerda de una tarde en que había demasiado viento en la playa, así que se quedaron poco. Caminaron hasta el mercado y volvieron con un ananá. Flor lo licuó con mucho hielo y mucha cachaza. Tenía esa bikini entre amarilla y naranja. La veía moverse en la cocinita del cuarto, detrás de una cortina de cuentas que a ella le gustaba mucho. Quiero tener una así en casa, le decía.

Ilustración

Cuando la pasaba bien, cuando estaba tranquila, Flor lo enamoraba. Era tierna y divertida. Pero esos estados le duraban poco. Le costaba disfrutar. Él no entendía, no la entendió nunca. Red flag, vuelve a pensar. Flor se ensombrecía con mucha facilidad. Era difícil remarla. Al principio, él se enojaba por sus bajones sin motivo aparente y ella reaccionaba enseguida. Pero eso fue cambiando con el tiempo. Él se fue acostumbrando a su tristeza, ella a sus enojos. La remaron igual, más de diez años.

Oscurece sobre el mar y la Negra le pregunta si al final van a ir a buscar algo al super. Asomado al balcón, él mira a los gatos que llegan a comer restos de peces sobre un montoncito de piedra, donde se cierra la playa. La gente sigue pescando ahí abajo, como hace veinte años. Recuerda otro atardecer, él señalándole a Flor una hilera de boyas blancas flotando sobre el agua. Ella era muy miope. Mirá qué quietos están esos patos, le dice. Flor frunce el entrecejo. Es cierto, qué raro, che. Se hace un silencio largo. De pronto se miran a los ojos y los dos sueltan la carcajada.

* Este relato pertenece al libro inédito Los días que existo.

Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación  26 de junio de 2025

Carina Sedevich

Se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Villa María. Cursó el doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni. Dirige Revista Ardea desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

 

María Alicia Favot

Nació en Bahía Blanca en 1957. Se formó en talleres y estudios de artistas plásticos de su ciudad adoptiva (Cipolletti, Río Negro) y en los talleres de dibujo y pintura del IUNA. Formó parte del grupo Odisea, un multitaller de pintura, letras y filosofía. Expuso desde el 2000 en muestras individuales y colectivas en nuestro país y en el Museum of the Americas (Florida, Miami-USA). La distinguieron con la “Perla de Mar” en el ciclo Arte Contemporáneo del Museo del Hombre del Puerto de Mar del Plata. Los vaivenes de la vida la llevaron también por el camino de la docencia, el derecho y la escritura. Actualmente ilustra  para la revista de arte y literatura Colofón y para Tanta Ceniza Editora. Es autora del libro Nada que nos ilumine (Factorum, Buenos Aires, 2023).

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Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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