Reseña

Bienvenidos a Rodríguez
por Leandro Trimarco

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La obra es, antes que nada, una falsificación, un intento que por suerte redunda en fracaso. D’Ambrosio, el autor (si hemos de creer que así se llama realmente. ¿No es acaso sólo un perfil de red social?), busca mediante artificios digitales reproducir un objeto irrepetible: un denso espacio de significados y posibilidades conocido como el Municipio de General Rodríguez. 

Un ojo inexperto puede ver en este texto el trabajo de un cartógrafo que quiere representar un espacio, aunque las líneas trazadas sobre el papel no son ni la montaña ni el río, sí son símbolos que sirven para contar lo que está allí sin que estemos directamente en su presencia.

Collages de fotogramas de la película "Buena suerte, Leo Grande"

Pero Bienvenidos a Rodríguez no es eso. Es un trabajo de hechicería. Una esmerada búsqueda por reproducir un monstruo de significados intentando imitar la estructura compleja de la ciudad realmente existente. Intenta robar un secreto que es de la física, negado a los hombres que somos presos de la causalidad, para crear una sombra del original. Porque Rodríguez, la ciudad, sí está poblada por un bestiario de criaturas fantásticas, sí tiene espacios que sólo existen en el pasado, sí tiene un futuro que se desliza lentamente hacia nosotros como un alud, sí tiene un fuego que lleva ardiendo desde siempre y al que podemos volver con una sola vuelta de página; sí tiene ecos, y callejones, y fantasmas, y risas que se manifiestan aleatoriamente en cada calle sin pedirnos permiso. Pero la experiencia vital nos circunscribe a tan sólo un fragmento de ella, previniéndonos de la locura de la totalidad.

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Esta novela web de Hernán D’Ambrosio es un trabajo de hechicería. Una esmerada búsqueda por reproducir un monstruo de significados.

Por eso esta obra es un sacrilegio: se propone no menos que encerrar en un espacio finito un caos de experiencias que se bifurcan caóticamente. Debemos dar gracias a que este texto maldito yace en la memoria de un servidor: si llegara a ser impreso, dada su naturaleza recurrente, podría consumir todo el papel del mundo.

Olvídese de él. Deje que el tiempo nos ponga a resguardo de las herejías infinitas.

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A simple vista, el mundo parece un plano que se extiende en todas las direcciones. Sin embargo, si somos capaces de elevarnos lo suficiente, podremos ver aunque sea una pizca de su verdadera forma. He querido tomar la suficiente distancia de Bienvenidos a Rodríguez para ver la forma completa de este texto, comprender su tema, su arquitectura, ver cómo funciona su artificio, pero no encuentro el patrón. De la misma forma que camino todos los días por General Rodríguez abrazado por su caos, no consigo recorrer este texto en línea recta.

He probado, al final de cada capítulo, usar el último link que conecta a otra página, haciendo un puente que me lleve al siguiente, creyendo que no tendría que volver sobre mis pasos. Pensando que transitaba un pasillo, me encontré con un jardín de senderos que se abren en todas las direcciones. Pareciera haber un camino principal, pero es sólo una pincelada en un gran cuadro de rutas y callejones, de rotondas y curvas, y saltos que van a lugares insospechados.

Fotograma de la película "Buena suerte, Leo Grande"

Ante la imposibilidad de recorrerlo trazando una línea, intenté encerrar este libro en un género concreto. Pero, para mi frustración, resulta que la novela es un policial fantástico-humorístico de ciencia ficción costumbrista con un leve toque de realismo mágico y notas de Dolina, Synecdoche New York y manuales de magia negra.

¿Vale la pena perderse en estas páginas tan cargadas de todo? Casi tanto como vale la pena caminar por Rodríguez y sentir el murmullo vivo de su gente. ¿Hay alguna manera correcta de leer esta obra? Sí, con el mismo desorden y pasión que se leen artículos sobre agujeros negros en Wikipedia en la madrugada, justo antes de dormir. ¿Es tan sólo un texto más, escrito de una forma distinta? Es un objeto de otra naturaleza. Así como el código de ceros y unos no es una letra, pero puede, mediante la tecnología correcta, mostrarnos una letra, esta densa urdimbre de palabras parece un libro como los de papel, pero, gracias al código adecuado, nos ofrece algo diferente: un hipertexto. 

Si a un eje cartesiano se le agrega una tercera dirección, nos mostrará objetos de tres dimensiones. Si a un texto le agregamos esa dimensión extra desde donde saltar a distintos puntos del eje, nos queda entonces Bienvenidos a Rodríguez.

Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación   10 de septiembre de 2026

Foto de autora de la nota

Leandro Trimarco

Nació en General Rodríguez en 1989. Es profesor de Historia graduado en la Universidad de Morón. Desde 2015 se desempeña como columnista y divulgador en Radio Atilra, donde aborda problemáticas históricas y contemporáneas desde una perspectiva crítica y accesible. Allí también conduce el programa El mero fondo, un espacio dedicado a la reflexión y el análisis de los procesos sociales, culturales y políticos. Su trabajo se orienta a tender puentes entre la investigación histórica y la conversación pública.

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Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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