Alicia Casas Gorgal sobre

Abuso sexual en la infancia
por Nicolás Iglesias Mills

En diciembre de 2021, para el colectivo La Lógica del Encuentro, entrevisté sobre abuso sexual en la infancia (ASI) a la doctora Alicia Casas, psiquiatra, sexóloga y terapeuta familiar. Alicia forma parte hace más de veinte años de Claves, un programa orientado a la prevención del maltrato y abuso sexual y a la promoción del buen trato. Claves es uno de los programas de la Asociación Civil Juventud Para Cristo (JPC) en Uruguay. A continuación, una síntesis de algunos de los principales pasajes de una conversación en la que abordamos modelos de comprensión del ASI, así como pautas para la prevención y la intervención en casos.

¿Cómo podríamos definir el abuso sexual en la infancia?

De una manera muy sencilla, uno puede definirlo como toda actividad de tipo sexual que es impuesta a niños, niñas o adolescentes por parte de una persona adulta -o adolescente también-, en un contexto desigual, muchas veces mediada por el chantaje, la seducción, la manipulación, el engaño o la fuerza directamente. Dentro de ese gran paraguas hay muchas modalidades. Una gran modalidad es la explotación sexual comercial. Pero vamos a focalizar en las modalidades no comerciales que abarcan desde situaciones abusivas puntuales, a veces incluso sin contacto físico, hasta situaciones crónicas que implican todo tipo de conductas sexuales impuestas a lxs niñxs.

Decías que hay algunos modelos para comprender por qué ocurre el abuso sexual. ¿Podemos ir esbozando algunas ideas?

Esta pregunta puede encararse desde muchísimos lados. Podríamos partir de lo existencial y filosófico y preguntarnos por qué existe el mal en el mundo, pero lo que vamos a hacer es algo mucho más concreto. Si conocemos un poco más por qué pasa esto es probable que podamos intervenir preventivamente mucho mejor. Vamos a intentar comprender por qué ocurre esto, no digo justificarlo, intentar entender por qué ocurre.

En los años 70, cuando empezaron los estudios más serios sobre el maltrato infantil en general, saltaba a la vista que la inmensa mayoría -y en ese momento se creía que era casi la totalidad- de las personas que abusaban a los niños o niñas eran varones adultos jóvenes o relativamente jóvenes. Si uno analiza otros tipos de malos tratos no encuentra un corte de género tan fuerte. Las mujeres maltratamos a lxs niñxs tanto como los varones en otros tipos de malos tratos, pero en el tema del abuso sexual hay una diferencia abismal. Hoy en día sabemos que hay mujeres que abusan, pero siguen siendo un número muy minoritario. Entonces, la pregunta fue si habría algo vinculado con la biología masculina detrás del abuso. Eso dio lugar a modelos y estudios que posibilitaron conocer mucho de la neurobiología de la violencia, pero que no determinaron que el abuso sexual tenga que ver con el nivel de hormonas masculinas.

Como la biología no lo explicaba todo, la siguiente cuestión que se planteó fue si habría algo que salió mal en la historia de estos hombres que abusaban. Entonces surgieron modelos que pusieron el énfasis en alteraciones en el desarrollo afectivo y sexual durante la infancia y la adolescencia de los abusadores, buscando una manera de explicar este tipo de comportamiento.

Otros modelos ponían el énfasis en cómo funcionaba la familia, especialmente cuando se veía que muchísimas de las situaciones ocurrían dentro de la familia o en los circuitos cercanos y de confianza. El problema de ese enfoque fue que tampoco explicaba todo y además diluía la responsabilidad, porque si la culpa es de todos, no es de nadie.

Las ciencias de la conducta ayudaron mucho a la comprensión de la problemática porque fuimos descubriendo cómo aprendemos las cosas y lo que es el condicionamiento operante. Hay toda una línea de trabajo que plantea que por alguna razón existen personas que han aprendido a excitarse sexualmente con niños o niñas.

Los feminismos de los años 70, 80, aportaron una perspectiva bien importante: empezaron a poner el énfasis en la relación de desigualdad, que siempre está presente en los casos de abuso.

En realidad, todos los modelos que mencioné aportan algo a la comprensión del tema. En los años 80 David Finkelhor, un sociólogo norteamericano, intentó combinar todos estos aportes  en un modelo sencillo que permitiera comprender más el fenómeno e intervenir en distintos niveles. Finkelhor dice que para que ocurra el abuso sexual hay cuatro condiciones que tienen que estar presentes. El suyo es un modelo muy práctico.  

Una cuestión fundamental en materia de prevención es poder generar un vínculo de confianza fuerte. Cuando nosotrxs generamos miedo en lxs niñxs difícilmente nos puedan contar una situación de abuso.

Finkelhor explica que lo primero que tiene que ocurrir es que haya una motivación. ¿La motivación qué es? El deseo de o las ganas de. Ningún abuso ocurre por casualidad o por accidente. ¿Cuál puede ser la motivación? ¿Qué lleva a una persona a estar motivada o a tener el deseo de un intercambio de tipo sexual con un niño, o con una niña o con un adolescente? Es difícil conseguir información, porque la mayoría viene de los propios hombres que abusan, que tratan de mostrarse bajo la mejor luz, pero lo que concluimos es que no hay dos personas que tengan exactamente la misma motivación, realmente es un panorama muy heterogéneo. De todos modos, hay algunas cosas que se pueden encontrar en común.

Algunas de las personas que abusan, no todas, justamente han aprendido a excitarse sexualmente con niñxs. Otro grupo de personas que abusan tienen muy poco desarrolladas las habilidades sociales para relacionarse con adultos, quienes les resultan muy amenazantes, y eligen relacionarse con niñxs porque se sienten mucho más seguros. A otras personas lo que los gratifica es la relación de dependencia, de sumisión, que les hace sentirse poderosos, en control de todo. Otras personas han crecido y se han criado con todos los mitos culturales vinculados a la masculinidad, según los cuales ser varón es dominar, es conquistar, utilizar a los demás como objetos. Consideran que cualquier persona, chico o grande, puede ser un objeto simplemente para su satisfacción.

Podemos decir que lo que tienen en común todas las personas que abusan es que encuentran en el abuso algún tipo de gratificación, de satisfacción. No necesariamente es una satisfacción de tipo erótico, suele ser difícil de entender esto. Como decía, a veces lo que gratifica es el control, es la sumisión, es esa adoración que pueden brindar lxs niñxs y que, si bien se vehiculiza por algo erótico o sexual, es algo mucho más profundo.

A veces se cree que el que abusa sexualmente es un loco, un monstruo sin control. Y en realidad la inmensa mayoría de los agresores sexuales no tienen una patología psiquiátrica identificable con los criterios actuales. Esto significa que pueden y deben ser responsabilizados por su conducta. Porque pudieron haber elegido no abusar. Y esto nos lleva al segundo punto.

La persona puede sentir el deseo, pero no convertirse en abusador. Hay muchas personas que pueden calificar para una paidofilia, que realmente se excitan con niñxs, y quizá nunca abusen de un niño o de una niña, ¿por qué? Porque no se da la segunda condición, que es vencer los inhibidores de conciencia.  Porque la inmensa mayoría de los agresores saben que acorde a su propio sistema moral, a su propio sistema de valores, no es correcto lo que hacen. Por lo tanto, se ocupan de mantenerlo en secreto, de minimizarlo, de negarlo. Entonces, ¿cómo hacen para vencer los escrúpulos de conciencia, o sea, para hacer algo que quieren hacer y que saben que está mal? Recurren a racionalizaciones, excusas para darse permiso. Las explicaciones y las racionalizaciones pueden ser del tipo: “en realidad esto no hace ningún daño, es una manera que tenemos de amarnos, pero lo ocultamos porque el resto no lo entiende”, o “la estoy educando sexualmente, más vale que se inicie conmigo y no con otro, yo soy de la familia, yo la quiero, nunca le hice daño”, o “yo soy hombre, tengo necesidades, mi esposa no me atiende, entonces yo me sirvo de lo que tengo a mi alrededor”. Y así un montón de excusas, como “no me acuerdo de todo lo que pasó”, o “fue el alcohol, fueron las drogas”. El alcohol y otro tipo de sustancias no provocan el abuso. El alcohol puede utilizarse como desinhibidor, pero una persona que no tiene la motivación para abusar si se emborracha empieza a decir estupideces, se pelea, vomita, rompe cosas, pero no abusa sexualmente.  

Retomando, primero tiene que existir motivación. Después la persona tiene que pasar por arriba de sus inhibidores de conciencia. La tercera condición es que se eliminen o se salteen los inhibidores externos, es decir, que fallen todas esas estructuras, personas e instituciones que protegen a lxs niñxs. Hay todo un mundo adulto que protege lxs niñxs. Pero la persona que tiene la motivación y que ya arregló con su conciencia, va a buscar la manera de ponerse en contacto con niños o niñas, y niños o niñas hay en mi casa, hay en la casa del vecino, hay en la escuela, hay en el trabajo, en todos lados.

Ahora también lo hacen a través de las redes sociales…

Justamente, hay un incremento brutal de la captación de niñxs, lo que se llama grooming[1] en inglés. Es importante saber que la persona que tiene la motivación tiene todo el tiempo del mundo. Nosotrxs, los que tratamos de proteger a lxs niñxs, podemos andar corriendo siempre, pero el agresor no tiene apuro. Se aboca a ese proceso de preparación, de ponerse en contacto con niñxs, de generar confianza en el niñx, en la familia, porque obviamente la mayoría de los abusos ocurren por parte de personas de confianza del niñx y de la familia, o dentro de la familia.

Una amiga colombiana, psiquiatra, dice que los agresores tienen la empatía en reversa, o sea que son capaces de detectar a aquellxs niñxs más frágiles, más vulnerables, ya sea porque están más carentes de afecto o porque son muy sumisos. Si bien no hay un perfil único y todx niñx podría ser vulnerable, los agresores eligen a quienes acercarse. Buscan la manera de estar solos con lxs niñxs en algún momento, a pesar de que haya mucha gente alrededor. Es algo preparado, calculado con mucho tiempo de por medio.

Si el agresor tiene la motivación, pasó por sobre sus inhibidores internos y eludió los inhibidores externos, todavía tiene que vencer de alguna manera la cuarta precondición que Finkelhor describe: la resistencia que el niño, niña o adolescente pueda poner a la situación abusiva. Si tuviéramos en cuenta sólo la resistencia física obviamente el adulto va a ganar siempre. Hablamos de ese tipo de abusos que pueden terminar incluso con la muerte de lxs niñxs o adolescentes. Esos casos son los menos. En la inmensa mayoría de las ocasiones no se utiliza la fuerza física. Son acercamientos mucho más paulatinos, a través de la seducción, de engaños, pequeños chantajes, regalos, que apuntan a poner al niño o a la niña en una situación especial.

Aquí hay algo que es importante dejar claro: lxs niñxs o adolescentes que han sufrido abuso deben saber que no hay nada que ellxs hayan hecho para provocarlo. Eso es importantísimo saberlo e internalizarlo, porque suelen pensar “¿qué habré hecho yo para que abusaran de mí?”. Ocurre que el agresor deposita la culpa en los niños o las niñas. Y como el abuso se da en relaciones de afecto, es muy difícil para los niños o las niñas pensar que esa persona que los quiere les puede hacer mal.

Si tenemos un vínculo de apego tendemos a creer que todo lo que viene de esa persona tiene que ser bueno. Cuando el niño o la niña se enfrenta a que la persona que lx quiere, que se preocupa de que vaya a la escuela, de que tenga para comer, además abusa sexualmente de él o ella, no entiende cómo ese abuelo que lo quiere tanto, ese vecino que es tan bueno, puede hacer esto que da vergüenza, que es raro, que no sabe cómo decir. Es muy difícil para lxs niñxs poder decir “esto es culpa de la otra persona”. Si no puedo poner la culpa en la persona que abusa de mí, entonces “esto debe de ser culpa mía”. Y es una de las maneras en que lxs niñxs internalizan muchas veces la culpa de aquello de lo que no son culpables. Tenemos que recordar muchísimo eso, no hay nada que un niño o una niña pueda hacer que justifique que lo hayan abusado: así sea que lo pida, que lo busque -porque lxs niñxs son entrenados para eso muchas veces-, así sea que aparentemente lo consienta. La responsabilidad es siempre del mundo adulto: de los adultos que abusaron y también, en menor grado, de los adultos que fallamos en proteger.

¿Cómo se puede intervenir si se confirma un abuso?

Cuando el niño o la niña ha logrado vencer las amenazas, los chantajes, los secretos y logra abrir una ventanita y contarle a alguien lo que pasa, nosotrxs como educadores o desde el rol que ocupemos debemos saber que tenemos una enorme responsabilidad. Si hemos generado la confianza suficiente para que un niño o una niña nos empiece a contar algo, tenemos que ser dignos de esa confianza. Quizá lo primero es poder creer. Porque en general estas cosas son muy difíciles de creer. Nos cuesta mucho. Pero lxs niñxs distinguen perfectamente lo que es la fantasía de lo que son hechos concretos. Entonces, hasta demostración de lo contrario -porque puede haber a veces alguna denuncia que no corresponde a la realidad-, el primer gesto es creer.

Obviamente nos invade una ansiedad brutal, una angustia terrible, dolor, bronca, una mezcla de emociones, pero tenemos que hacer un esfuerzo muy grande por mantener la calma. Por dentro podremos estarnos despedazando, pero tratemos de mantener una cara lo más tranquila posible porque si nosotrxs nos horrorizamos con lo que nos cuenta el niñx, ¿qué es lo que va a hacer el niñx probablemente? Va a decir: “yo no quiero causarle este dolor a esta persona”, y rápidamente se va a replegar, y se va a retractar, y hoy sabemos que la inmensa mayoría de las retractaciones que se dan en estas situaciones son falsas. No poner cara de pánico, no decir por ejemplo “qué degenerado, qué cosa más horrible, te arruinó la vida”. Quizás el niñx no les había dado esa connotación a los hechos, entonces no lo hagamos nosotrxs.  Porque el niñx, que se siente en igualdad de condiciones que el abusador, va a escuchar: “vos sos un degenerado, vos hiciste algo horrible, vos tenés la vida arruinada”, y eso lo que va a hacer mucho más daño. Si actuamos de esa manera lo victimizamos aún más.

Hay preguntas pertinentes de hacer en ese momento, y preguntas que no son pertinentes. El niño o la niña le cuenta a una persona de confianza. Esa persona no tiene que ser experta en abuso sexual, seguramente no lo es. Es experta en confianza, y por eso el niñx la eligió. Nosotrxs no necesitamos saber cuándo empezó, si le hizo esto, si le hizo lo otro, si hubo esto, si hubo lo otro. Y no precisamos saberlo incluso por cuestiones periciales. O sea, cuanto menos contaminemos el testimonio mejor. No pongamos nosotrxs palabras en la boca de lxs niñxs. Después vamos a anotar exactamente lo que nos dijo el niñx: nos dijo esto, esto y esto, literalmente, sin interpretar.

Pero hay algunas preguntas que sí necesitamos hacer, porque tienen que ver con la manera en que vamos a intervenir. Necesitamos saber, por ejemplo, si esto ocurrió hoy o hace dos años, o si esto va a seguir pasando cuando el niñx vuelva a su casa. Necesitamos saber también si hay algún otrx niñx en peligro. También hay que averiguar qué amenazas está usando el agresor y si el niño o la niña tiene algún miedo en particular en este sentido. También le podemos preguntar qué quiere que hagamos. Tal vez sólo quería contarnos que es algo que pasó hace dos años y que él siguió con la vida, porque lo que necesitan lxs niñxs en realidad es volver a ser niñxs. El abuso de alguna manera les quita esa parte.

Si vamos a intervenir tenemos que tener claro para qué lo hacemos. Lo primero sería asegurarnos de que el abuso se interrumpa, buscando un lugar en que la/el niñx pueda resguardarse. Lo segundo es restituir a ese niño, esa niña su derecho a una vida sin violencia, una vida de niño, de niña. Y ayudar a reparar o a compensar las consecuencias del abuso o de la develación del abuso. Porque todos seguramente conocemos historias de intervenciones que han sido más traumatizantes que el abuso.

¿Cómo se acompaña a lxs niñxs o adolescentes que sufrieron abuso sexual?

Creo que todo niño o niña víctima de abuso amerita algún tipo de evaluación. El mundo adulto precisa asegurar que siga siendo un niño o una niña, viviendo las condiciones de un niño o una niña saludablemente. Hay determinados criterios de gravedad del abuso: es más grave en general cuando es intrafamiliar o cometido por personas de confianza. Irene Intebi dice que esos abusos cometidos a lo largo del tiempo son como una especie de balazo en el aparato psíquico. Cuando una persona recibe un balazo en la cabeza no sabemos por dónde pasa: puede afectar zonas muy vitales o zonas que no son tan vitales, y con el abuso pasa eso, puede tener consecuencias impredecibles. Cuando el abuso está asociado también con el dolor físico suele dejar una impronta y un trauma mucho mayor. También cuando no hay otros adultos protectores, cuando no hay otros modelos de relacionamiento.

Hay que hacer una evaluación global sobre el funcionamiento de esx niñx. Si uno ve que esx niñx está bien, duerme bien, está contento, va a la escuela, aprende, juega, tiene la vida sana de un niñx, es curiosx, quiere conocer, probablemente asegurando un entorno donde pueda seguir siendo niño o niña va a ser suficiente. Otras veces, en otro extremo, va a requerir intervenciones terapéuticas muy importantes y extendidas en el tiempo.

Una situación de abuso es algo que no debió haber ocurrido, pero ocurrió. Es necesario recuperarse y seguir con la vida. No quedarse en el lugar de eterna víctima, porque eso sí es un problema. Fuimos víctimas en un momento de una situación abusiva, pero eso no quiere decir que no podamos retomar nuestra vida, y que no podamos desarrollarnos e ir reparando los impactos que esto ha causado. Y esto es muy importante porque algunas intervenciones colocan a lxs niñxs en el lugar de eterna víctima.

Si una persona adulta ha vivido en su infancia situaciones de abuso sexual que siente que influyen en su presente, es importante consultar con un profesional. A veces un niñx transita puntualmente una situación de abuso, sigue con su vida, y en determinado momento se reactivan un montón de cosas, por el nacimiento de un hijo o hija, por ejemplo. Si esa persona ve que el pasado interfiere en sus relaciones con su pareja, con sus hijos, o en lo que sea, es importante que pueda consultar. Para muchas personas que han sufrido situaciones de abuso, eso tan doloroso a veces se convierte en un motor de vida, de trabajo activo por la fortaleza de los niños, de las niñas, de lxs adolescentes, de lucha por sistemas jurídicos más justos, más amigables con lxs niñxs, para que todos los niños y niñas puedan tener acceso a la atención y habitar entornos más seguros.

¿Cómo se puede prevenir el abuso sexual en la infancia?

Podemos educar a las niñas, los niños, lxs adolescentes, darle fortalezas cognitivas, emocionales, relacionales, espirituales para que sean más fuertes y puedan identificar más rápidamente situaciones de abuso o cualquier  otro tipo de situaciones de vulneración de derechos, si les toca vivirlas.

En Claves, uno de los programas más antiguos que tenemos se llama “Jugando nos fortalecemos” y está focalizado justo en esto: a través del juego, que es el lenguaje de los niños y las niñas, desarrollar estas habilidades que sirven para toda la vida, no solo para prevenir el abuso sexual. Nosotrxs no sabemos a qué niñx le va a tocar. Entonces tenemos que hacer un tipo de prevención que sirva para todos los niños y niñas, para que rápidamente puedan contar lo que está pasando a alguna persona o vincularse a una red de confianza.

A nivel preventivo también tratamos de identificar aquellxs niñxs más frágiles. Un niñx que ha sido abusado en el pasado tiene más chances de ser abusado en el futuro. Eso de alguna manera lo hace más vulnerable, sobre todo si no ha habido un mundo adulto que lo pudiera ayudar.

Una cuestión fundamental en materia de prevención es poder generar un vínculo de confianza fuerte. Lxs niñxs piensan que hacen algo feo, que es sucio, que es asqueroso, que es vergonzoso, que es culpa de ellos.  Cuando nosotrxs generamos miedo en lxs niñxs en lugar de confianza, difícilmente nos puedan contar algo así. Entonces hay que generar un vínculo dentro del cual, aunque el niñx piense que ha hecho algo asqueroso, sucio y repugnante, nos pueda contar. Que se sienta tan absolutamente seguro de que yo lo voy a seguir queriendo que me pueda contar eso. Eso es un desafío brutal.


* La entrevista completa puede escucharse aquí.

En esta nota

Alicia Casas Gorgal es uruguaya. Doctora en Medicina. Especialista en Psiquiatría. Sexóloga Clínica y Educadora sexual. Terapeuta cognitivo-comportamental, Familiar Sistémica y EMDR.  Co-fundadora del Programa Claves en 1995. Coordinadora Académica. Autora y co-autora de publicaciones y propuestas didácticas relacionadas con la prevención del maltrato y la violencia sexual en Claves y en organizaciones internacionales.  Docente. Tiene veintisiete años de experiencia clínica en atención a víctimas y ofensores. 

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Nota al pie

[1] Grooming: “Es la seducción, vía Internet, por parte de un adulto hacia un menor con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor” (Ministerio del Interior de Uruguay. Extraído el 30 de Nov. de 21, de: https://minterior.gub.uy/index.php/78-noticias/ultimas-noticias/834-grooming-y-cyberacoso) / “El grooming es la acción deliberada de un adulto, varón o mujer, de acosar sexualmente a una niña, niño o adolescente a través de un medio digital que permita la interacción entre dos o más personas, como por ejemplo redes sociales, correo electrónico, mensajes de texto, sitios de chat o juegos en línea” (Gobernación de Argentina. Extraído el 30 de Nov. de 21, de: https://www.argentina.gob.ar/grooming)

Fotos de sitios públicos de internet.

Icono fecha publicación  19 de mayo de 2022

Nicolás Iglesias Mills

Nicolás Iglesias Mills nació en Montevideo en 1988. Es escritor y maestro. Trabajó en Haití, Chile y Uruguay. Fundador del Colectivo La Lógica del Encuentro, sobre pobreza y desigualdad. Autor de los libros Ayiti: Diario de un peregrino en el corazón del continente (2019) y Pobre el que señala: el discurso de la pobreza y el encuentro radical (2022).

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Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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