Arte

Las manos que corren
por David Bustos | Ilustraciones de Ivana Martinovich

La mano no sería mano en sí misma,
sino por aquello que la pone fuera,
a distancia de sí.

Marcela Rivera Hutinel

 

Así como se habla de oculocentrismo para designar la supremacía de la imagen, acaso también pueda hablarse de “manocentrismo”. Quizás sea porque la mano protagoniza la evolución, en la liberación del pulgar y la relación con el córtex. Otl Aicher, señala al respecto: “el control del pulgar en su nuevo papel supuso una enorme potenciación de crecimiento del cerebro. Las funciones que el pulgar tuvo que desempeñar entonces fueron tan variadas que se produjo una ampliación de la masa cerebral organizadora. La vida fuera del bosque significaba, a la vez, un incremento de la comunicación”. 

Las más remotas imágenes de manos aparecen en la Edad de Piedra, en pleno Paleolítico Superior. Las siluetas de manos son las más antiguas manifestaciones pictóricas del hombre. Los primeros rastros en las cavernas. La mano, después, como fundamento de la técnica y la economía. Las manos como medio para realizar cualquier actividad.

La expresión “mano de obra” derechamente vincula a la mano con el mundo del trabajo, con la fuerza productiva. Pareciera que las manos ingresaran a una serie de dimensiones, que, de tan naturalizadas, las olvidamos. Otra expresión es “la mano que aprieta” y que se utiliza para señalar un tipo de coacción. Los que vivimos nuestra niñez en plena dictadura en Chile, recordamos algunas frases en los discursos de Pinochet que quedaron impregnados en el inconsciente colectivo, por ejemplo “mano dura con el comunismo”. Y si recordamos el logo de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), policía secreta del tirano, vemos que hay una mano cerrada, un puño, como analogía de la fuerza y la violencia. El puño como coerción y disciplinamiento. Mismo puño que se alza para cantar la Internacional. También está La Mano Negra de la mafia italiana, presencia de la opacidad, del crimen organizado.

Cuando alguien quiere estar igualado con otra persona se expresa “mano a mano”, mismo término que se usa en el fútbol cuando un jugador se enfrenta a otro en igualdad de condiciones. En este deporte la mano, o la palabra mano, es sinónimo de penal cuando ocurre en el área chica. Aquí la mano es interrupción, desactiva el juego. Un territorio del cuerpo que está vedado a los jugadores. La mano pegada al cuerpo, las manos atrás, la mano de Ronald Fuentes en el Mundial de Francia de 1998. En cuanto a la relación mano-fútbol, tengo el recuerdo de haber visto alguna vez, previo a que comenzara el partido, a Óscar Wirth atajando con los codos, a modo de entrenamiento. Creo que nunca más volví a ver un arquero atajar con los codos. Lo cierto es que en el fútbol la mano o las manos son un territorio prohibido. Este es un juego que reivindica los pies y penaliza las manos. El único jugador del campo que puede ocuparlas es el arquero. Creo que en el mundo del deporte son más los que se juegan con la mano que con el pie. El fútbol, si uno lo observa a distancia, es una rareza. Lo natural es jugar con las manos. El basquetbol, el voleibol, el hándbol, incluso el tenis, se realizan con las manos.

Las manos, cuando se golpean a sí mismas en las palmas, forman el aplauso, y es una señal de aprobación y hasta jolgorio. Las manos de alguna forma son protagonistas del espectáculo, suenan entre sí, y pasan a ser el condimento para cualquier evento. “Yo me debo al aplauso de la gente”, dice un artista. Y cuando lo aplauden baja la cabeza en señal de agradecimiento. Tomarse de la mano tiene un sentido de protección hacia un niño y una connotación amorosa hacia la pareja. Entrelazar los dedos es de alguna forma confundirse, perderse en el otro. Abandonarse para ser un “nosotros”. Cuando alguien se sobrepasa con otro, se le dice “se te pasó la mano”: extraña expresión, que indica lo desmedido.

“Él no había provocado. Cuando Cary dijo: eres un cobarde, un canalla, y además un mal poeta, las palabras decidieron el curso de las acciones, tal como suele ocurrir en esta vida”. Así se inicia el cuento de Julio Cortázar Las manos que crecen, donde el protagonista, tras darle una golpiza a otro, se va caminando y comienzan a crecerle las manos de forma tal que debe arrastrarlas por el suelo. Insólito cuento de Cortázar acerca de las manos que puede ser leído como metáfora de la violencia.

Cuando uno necesita ayuda con algo dice “dame una mano”. ¿Por qué una y no dos? Como si sólo hiciera falta una mano para ayudar a otro. Y ahí recuerdo otra frase que proviene del Evangelio de San Mateo: “no dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha”, que se relaciona con la caridad, pero que se ocupa para la doble vida tanto de las manos como de las personas. Y aquí sería conveniente preguntarse por la mano derecha e izquierda. ¿Por qué existe esa simetría? “El hecho morfológico de que todo objeto individual posea siempre dos elementos formales: uno variante y otro invariante. Es decir, uno de sus “rostros” da a su individualidad, pero el otro lo liga con su especie”, dice Cirlot. O sea, la dualidad nos conectaría con una cadena antecesora. El cuerpo y su doble, con su par de ojos, piernas, orejas y manos. La dualidad que finalmente nos liga a la naturaleza. El día y la noche, el cielo y la tierra, pero las manos parecen no oponerse, pues son gemelas. Como si estuviéramos divididos justo a la mitad. Y aunque aparentemente son dos partes iguales, hay diferencias. La mano derecha, sobre todo en los diestros, parece tener más actividad y destreza, por eso quizás se la nombra diestra, y a la mano izquierda siniestra, evidenciando su oposición. Para la filosofía hindú, en cambio, la mano derecha simboliza la inteligencia y la concentración, en tanto la izquierda, sabiduría y meditación. 

Borges en su cuento Sur afirma que “a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”. La simetría también como un juego de espejos.

Ilustración

Así cuando golpeamos nuestras palmas y aplaudimos, entrechocamos dos mundos aparentemente opuestos. Y cuando las juntamos para hacer una oración, o para pedir algo a alguien como gesto de ruego. La mano derecha y la izquierda se acoplan con los dedos en dirección al cielo. Como si ambas palmas se besaran, abriendo su cabeza hacia lo trascendente. 

Por otra parte, los mudras provienen de los textos Vedas que son significativos dentro de la cultura y sociedad india. Estos gestos manuales son representaciones artísticas que expresan dimensiones imbricadas en la vida interior, en este caso de las divinidades. Los aspectos que se quieran manifestar en cada caso se muestran en distintas posiciones de las manos que regulan el equilibrio de los meridianos energéticos.

¿Pero las manos corren? El poeta Mark Strand expresa en su poema Cuerpo Vacío: “Las manos eran tuyas, los brazos eran tuyos/ Pero no estabas ahí”.

¿Estamos dónde están nuestras manos? ¿Las manos cuando corren es porque nosotros de alguna forma también corremos o pueden hacerlo sin nosotros? 

Una persona para demostrar su inocencia dice “tengo las manos limpias”. El monopolio de las manos parece infinito. Al parecer, por momentos, hablan por nosotros, son de alguna forma nuestra identidad. Pero qué sucede con el resto de la piel, si dejamos las manos afuera de todo, ¿podríamos acariciar, comer, defendernos, o escribir? Malú Urriola, dice en un poema: “me volvería manca para no volver a escribir, para que este brazo dejara de escribir como una puta”. 

En el colegio, para estar presente se alzaba la mano, en signo también de identidad. La mano levantada para pedir la palabra, como si palabra y mano tuvieran una secreta conversación, que podemos escuchar en nuestra mente. Una conversación que se sintetiza en la letra, en el pulso de la letra manuscrita sobre una hoja. Letras grandes y letras pequeñas, letras caóticas y letras redondas, ordenadas. Las manos piensan, por eso escriben, y cuando escriben podemos ver como modulan su propia personalidad. La caligrafía es el jardín secreto donde, por medio de la grafología, podemos descifrar hasta las más intrincadas personalidades.

Si las manos corren, ¿hacia dónde corren? Las manos que acarician. Las manos que envuelven a otras, para entenderse, para amarse. Las manos piensan y hablan, por eso corren. Las manos se saludan con el apretón de manos, pero para despedirse basta una sola, una que se mueva de un lado a otro: adiós, chao, hasta pronto.

Apago la luz y enciendo una lámpara y mi mano es una sombra en la pared, un perro que ladra según el movimiento de mi dedo meñique. Y si las junto son una paloma. Las manos corren y no sabemos que corren, porque somos nosotros los que respiramos a través de ellas. Un teatro de sombras. Creo.

Ilustraciones a lápiz de Ivana Martinovich. Postproducción audiovisual y producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación  21 de noviembre de 2024

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David Bustos Muñoz

Es magíster en Estudios de la Imagen por la Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, y doctorante en Literatura por la Universidad Católica de Valparaíso. Entre sus libros de más reciente publicación se encuentran El Lenguaje de los nudos (2022), Poemas Zen (2020), Circuitos Integrados (2020), Ejercicios de enlace (2018). Por su libro de cuentos Rec ha recibido en 2019 el Premio Nacional a Mejores Obras (MOP) otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través del Fondo Nacional del Libro y la Lectura. En 2009 fue finalista del Premio Altazor de las Artes a Mejor Guión por El Señor de la Querencia. Recibió en 2007 el Premio Municipal de Literatura de Santiago por el libro de poesía Peces de colores.

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María Ivana Martinovich

Nació en Villa Nueva, Córdoba, el 16 de junio de 1974. Estudió Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente trabaja en la Secretaría de Comunicación Institucional y el Centro Integrado de Medios de la Universidad Nacional de Villa María. Después de años de dedicarse a la contabilidad, comenzó a estudiar Artes Visuales en la Escuela de Bellas Artes Emiliano Gómez Clara. Ha realizado talleres de dibujo y pintura en Villa María, Córdoba y Buenos Aires. Participa de diversas muestras colectivas con sus trabajos.

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Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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