En la primera entrega de esta serie, dedicada a algunos poemas de Monika Herceg, hablé un poco de mi ascendencia paterna croata y de mi curiosidad por la cultura balcánica, particularmente por sus expresiones artísticas. De Andriana Škunca [1], la poeta que protagoniza esta nota, accedí a varios textos en versión original y sus traducciones al inglés [2]. Con especial cuidado en respetar la rica concisión de sus palabras y la precisión de sus imágenes, aspectos destacados de su escritura, trabajé sobre estos tres poemas en los que habla de su madre anciana. Espero haber podido preservar y transmitir de alguna manera la emoción que me produjo ir descubriendo la delicada y profunda voz de Škunca.
En la primera entrega de esta serie, dedicada a algunos poemas de Monika Herceg, hablé un poco de mi ascendencia paterna croata y de mi curiosidad por la cultura balcánica, particularmente por sus expresiones artísticas. De Andriana Škunca [1], la poeta que protagoniza esta nota, accedí a varios textos en versión original y sus traducciones al inglés [2]. Con especial cuidado en respetar la rica concisión de sus palabras y la precisión de sus imágenes, aspectos destacados de su escritura, trabajé sobre estos tres poemas en los que habla de su madre anciana. Espero haber podido preservar y transmitir de alguna manera la emoción que me produjo ir descubriendo la delicada y profunda voz de Škunca.
Qué rápido olvida todo
Mientras anda en silencio, la madre enrolla el
tiempo en un palo, lo estira sobre la marcha.
Llama desde varias distancias, comprueba,
pregunta. Y mientras camina, el palo es un
tentáculo que escudriña, observa.
Qué rápido olvida todo, sigue repitiendo:
¿cómo, cuándo, por qué? El presente fluye a
través de ella como algo ausente. Todo lo que
recuerda proviene de su infancia y de lo que
está por venir. Nos habla de eso, siempre lo
mismo.
Cuando sube las escaleras, el tiempo detrás
de ella extiende una alfombra invisible. A
cada paso, pregunta: ¿Estás ahí abajo?- ¿Estás
bajando?
Nadie. Nada.
Qué rápido olvida todo
Mientras anda en silencio, la madre enrolla el
tiempo en un palo, lo estira sobre la marcha.
Llama desde varias distancias, comprueba,
pregunta. Y mientras camina, el palo es un
tentáculo que escudriña, observa.
Qué rápido olvida todo, sigue repitiendo:
¿cómo, cuándo, por qué? El presente fluye a
través de ella como algo ausente. Todo lo que
recuerda proviene de su infancia y de lo que
está por venir. Nos habla de eso, siempre lo
mismo.
Cuando sube las escaleras, el tiempo detrás
de ella extiende una alfombra invisible. A
cada paso, pregunta: ¿Estás ahí abajo?- ¿Estás
bajando?
Nadie. Nada.
Madre yendo de una habitación a otra
En el cubo de penumbra hace siempre el mismo camino con el denso andar que la
sostiene. Entre la oscuridad y la otra estancia, se apoya en una señal invisible.
Los días son su obstáculo.
Las noches, en cambio, despiertan el espíritu que define inequívocos movimientos. ¿O se
trata de un hábito que repite mecánicamente: ir y venir?
La mano escoge, el palo mide.
¿Algo la ayuda o la necesidad de recorrer siempre la misma distancia irradia partículas de
energía desconocidas por los demás?
Escucho el crujido del suelo, el crujido de la puerta, el viaje continúa. Con igual
perseverancia, varias veces.
Y, sin embargo, ¿hasta dónde ha llegado y con qué gloria?
Madre yendo de una habitación a otra
En el cubo de penumbra hace siempre el mismo camino con el denso andar que la
sostiene. Entre la oscuridad y la otra estancia, se apoya en una señal invisible.
Los días son su obstáculo.
Las noches, en cambio, despiertan el espíritu que define inequívocos movimientos. ¿O se
trata de un hábito que repite mecánicamente: ir y venir?
La mano escoge, el palo mide.
¿Algo la ayuda o la necesidad de recorrer siempre la misma distancia irradia partículas de
energía desconocidas por los demás?
Escucho el crujido del suelo, el crujido de la puerta, el viaje continúa. Con igual
perseverancia, varias veces.
Y, sin embargo, ¿hasta dónde ha llegado y con qué gloria?
Embalando la aldea
Embalando la aldea
mi madre no se vuelve
a los que quedan
Ante ella
y después de ella
una extensión
llena de olvido
Las casas apretadas
lado a lado
no dejan caer
una hoja de hierba
una sombra
Las ramas sujetas a los techos
miran el páramo
difuso
Con las manos abiertas
mi madre agita
los bordes de su pañuelo
y envuelve
los cercos
la torre
Muy lejos ya
no pertenece a nada
Embalando la aldea
Embalando la aldea
mi madre no se vuelve
a los que quedan
Ante ella
y después de ella
una extensión
llena de olvido
Las casas apretadas
lado a lado
no dejan caer
una hoja de hierba
una sombra
Las ramas sujetas a los techos
miran el páramo
difuso
Con las manos abiertas
mi madre agita
los bordes de su pañuelo
y envuelve
los cercos
la torre
Muy lejos ya
no pertenece a nada
Notas al pie
[1] Andriana Škunca nació en Bjelovar en 1944. En su primera infancia se trasladó con su familia a la pequeña ciudad de Novalja, en Pag, isla a la que ha dedicado casi toda su poesía. Estudió eslavística y literatura comparada en la Facultad de Filosofía de Zagreb y actualmente vive y trabaja entre Novalja y Zagreb.
Poeta, ensayista y antóloga, Škunca ha escrito ensayos y críticas sobre artes visuales, se ha interesado por la fotografía y ha realizado exposiciones individuales. Su carrera como poeta se remonta a 1969, año en que recibió el Premio A. B. Šimić por su primer poemario, Do neba bijelo. Hasta la fecha ha publicado veinte volúmenes de poesía, ensayos y monografías sobre artes visuales.
Adriana Škunca representa una voz poética sui generis en la poesía croata contemporánea, en la medida en que ha transformado su tema fundamental, su isla natal de Pag, en una forma lírica y artística única. Las duras condiciones de vida en la isla sustentan una composición reflexiva en la que su estética se aproxima a las reglas del arte visual abstracto. Su vocabulario es muy preciso y relativamente reducido, con el fin de afirmar los referentes esenciales en descripciones altamente estetizadas del entorno mediterráneo.
La crítica ha destacado el papel singular que desempeñan en su poesía las sensaciones visuales y auditivas, así como el particular ascetismo de su expresión. En la poesía contemplativa y cristalina de Andriana Škunca, la voz femenina es notable e introduce al lector en un mundo aparte: el aislamiento como característica central de la vida en la isla se refracta a través de una visión de la mujer como «guardiana del hogar» tradicional, y la soledad adquiere dimensiones adicionales, que hablan de trascender la existencia que a uno le ha tocado en suerte y al mismo tiempo de la afirmación de un universo que va desapareciendo gradualmente.
[2] Versiones basadas en traducciones al inglés de Kim Burton y Mario Suško.
Notas al pie
[1] Andriana Škunca nació en Bjelovar en 1944. En su primera infancia se trasladó con su familia a la pequeña ciudad de Novalja, en Pag, isla a la que ha dedicado casi toda su poesía. Estudió eslavística y literatura comparada en la Facultad de Filosofía de Zagreb y actualmente vive y trabaja entre Novalja y Zagreb.
Poeta, ensayista y antóloga, Škunca ha escrito ensayos y críticas sobre artes visuales, se ha interesado por la fotografía y ha realizado exposiciones individuales. Su carrera como poeta se remonta a 1969, año en que recibió el Premio A. B. Šimić por su primer poemario, Do neba bijelo. Hasta la fecha ha publicado veinte volúmenes de poesía, ensayos y monografías sobre artes visuales.
Adriana Škunca representa una voz poética sui generis en la poesía croata contemporánea, en la medida en que ha transformado su tema fundamental, su isla natal de Pag, en una forma lírica y artística única. Las duras condiciones de vida en la isla sustentan una composición reflexiva en la que su estética se aproxima a las reglas del arte visual abstracto. Su vocabulario es muy preciso y relativamente reducido, con el fin de afirmar los referentes esenciales en descripciones altamente estetizadas del entorno mediterráneo.
La crítica ha destacado el papel singular que desempeñan en su poesía las sensaciones visuales y auditivas, así como el particular ascetismo de su expresión. En la poesía contemplativa y cristalina de Andriana Škunca, la voz femenina es notable e introduce al lector en un mundo aparte: el aislamiento como característica central de la vida en la isla se refracta a través de una visión de la mujer como «guardiana del hogar» tradicional, y la soledad adquiere dimensiones adicionales, que hablan de trascender la existencia que a uno le ha tocado en suerte y al mismo tiempo de la afirmación de un universo que va desapareciendo gradualmente.
[2] Versiones basadas en traducciones al inglés de Kim Burton y Mario Suško.
Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.
13 de junio de 2024
Carina Sedevich
Se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Villa María. Cursó el doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni. Dirige Revista Ardea desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.
María Alicia Favot
Nació en Bahía Blanca en 1957. Se formó en talleres y estudios de artistas plásticos de su ciudad adoptiva (Cipolletti, Río Negro) y en los talleres de dibujo y pintura del IUNA. Formó parte del grupo Odisea, un multitaller de pintura, letras y filosofía. Expuso desde el 2000 en muestras individuales y colectivas en nuestro país y en el Museum of the Americas (Florida, Miami-USA). La distinguieron con la “Perla de Mar” en el ciclo Arte Contemporáneo del Museo del Hombre del Puerto de Mar del Plata. Los vaivenes de la vida la llevaron también por el camino de la docencia, el derecho y la escritura. Actualmente ilustra para la revista de arte y literatura Colofón y para Tanta Ceniza Editora. Es autora del libro Nada que nos ilumine (Factorum, Buenos Aires, 2023).
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