Poesía maorí II

Trixie Te Arama Menzies
por Carina Sedevich | Ilustraciones de María Alicia Favot

Trixie Te Arama Menzies, a diferencia de Evelyn Putuawa Nathan, la poeta que trajimos en la primera entrega de esta serie, no tuvo al maorí como idioma natal: pertenecía a una familia en la cual los rastros de su ascendencia originaria se ocultaban. Trixie nació en 1936 en Wellington, hija de un ingeniero y una profesora de francés. Desde pequeña se las arregló para conectarse con la cultura maorí: ya que no se dictaban clases del idioma en los colegios primarios ni secundarios, tomó clases por correspondencia. Más tarde, tuvo la oportunidad de estudiar en la Universidad de Auckland y allí seguir aprendiendo maorí, además de conectarse con otros artistas de su misma ascendencia y trabajar sostenidamente para el reconocimiento de la cultura de su pueblo y de la labor de sus artistas. Su primer libro apareció en 1986, en un momento en que en el ámbito académico de Nueva Zelanda comenzaba a surgir cierto interés reivindicativo hacia la sojuzgada cultura de los primeros habitantes de la Isla Norte.

Fue, como Evelyn Putuawa Nathan, una de las primeras poetas de ascendencia maorí que consiguió ver su obra publicada, así como una reconocida activista por los derechos de las mujeres, los artistas y los pueblos originarios. También escribió principalmente en inglés y, al respecto, explicó en una entrevista que no se consideraba lo suficientemente competente para escribir en maorí. Falleció en 2017, dejando una obra extensa, signada por la delicada contemplación de la naturaleza y la vibrante vindicación de sus orígenes. Algo en los versos de Trixie me recuerda a Edith Vera, sobre todo el último poema incluido en esta nota. Mientras lo leía y trabajaba en él, un texto de Edith cruzaba por mi mente: “Que tenga el oído atento a la injusticia/ Que no tenga los ojos cerrados ante el horror// Que mis hombros sean fuertes para ayudar al débil/ Y que tenga el corazón de abejas para que mi lenguaje sea sustancioso panal./ Eso nomás, vida, eso nomás”.

Papakainga [1]

Una playa donde la tierra va hacia un canal escondido.
Un delta que se formó cuando el río cambió el curso.
Fuego en la rueda de piedras sobre la que colgaba
carne entre dos horquillas, cielo de sal por probar.
Aquello era un hogar, hoguera lejana que ardía
con fuego arrebatado por nuestra mano expoliada
desafiando a los dioses, su gloria por un lugar.
Carne de ese fuego se ha alojado entre mis dientes
huesos de esa carne yacen bajo las arenas.
Nácares de los pipis [2] que recogieron los niños
aún descansan en la playa, en las pilas de basura.
Recuerdos de banquetes ancestrales rondan
esa playa pedregosa, ese alimento en la tierra.
Froto la arena gruesa contra mi piel invernal.
La sangre oscura gotea otra vez sobre ese suelo.
Los espíritus dispersos se reúnen y transforman
aquellas cenizas frías en fogatas fantasmales.
Y sombras danzantes llaman, dicen mi nombre.

Papakainga

A beach where earth runs out to sheltered channel
A delta formed when river changed its course
Fire in a ring of stones above which hung
Meat between two forked sticks, salt sky for savour –
That was a home, that distant campfire burning
With stolen fire, by our own hands plundered
Daring the gods, their glory for a hearth.
Meat from that fire has lodged between my teeth
Bones from that meat lie buried in the sand
Shells from the pipis that the children gathered
Still rest upon that beach, heaped in the midden
Race memories of ancestral banquets haunt
That stony beach, that cooking place in earth
I rub rough sand into my winter skin
The dark blood drips upon the ground again
The scattered spirits gather close, reform
Cold ashes flicker into ghostly flame
And dancing shadows beckon, call my name.

Comienzos de primavera

De nuevo agosto, tiempo de sembrar papas.
Las malezas altas deben quitarse, hay que alistar el suelo.
Hileras medio escondidas de remolacha aparecen
y fantasmales tallos de maíz y de alubias.
Sin pedirla, verde, la tierra nos da su gracia,
nos la entrega gratuita, suave a la pala.
Entre los surcos trazados, como en el sueño de Whina [3]
la Tierra nos ofrenda su puha [4] en primavera.

Ilustración

Spring Growth

August again, planting time for potatoes,
Weeds waist high must be cleared, soil prepared,
Half hidden rows of silver beet peep out
And ghostly stumps of summer corn and beans.
Unbidden, green, earth offers us her blessing,
Unbought bonus issue, soft to the spade
Between the planned out rows, like Whina’s dream
Of heaven, Earth offers us puha in the spring.

Muka [5]

                   A los tejedores de Waiata Koa [6]

Que yo sea como la muka:
mi lino ha sido molido a golpes de piedra
estoy teñida por las sombras de mis pasiones
pero moldeada por los amorosos dedos
de las maestras artesanas.
Disciplinado en el diseño
al fin podrá brillar mi fuego interno
alimentado a través de la hoja verde
del cuerpo de Papatūānuku [7].
Iluminada con el fulgor del sol,
estoy preparada para cumplir mi misión.

Muka

To the weavers of Waiata Koa                

So may I be as the muka –
My flax has been patu [8]’d by stone pounders
I am dyed in the colours of my passions
But then taken and shaped by deft loving fingers
of the master craftswomen,
Disciplined into design
At the last may I shine lustrous with inner fires
which were fed through green blades
from the body of Papatūānuku
Alight with the radiance of te Ra [9],
Fitted to serve

Ilustración en blanco y negro
Notas al pie

[1] Tierra natal (en maorí en el original).
[2] Pequeños bivalvos (en maorí en el original).
[3] Activista, maestra e historiadora maorí.
[4] Diente de león (en maorí en el original), hierba silvestre que en la gastronomía maorí se utilizaba asiduamente.
[5] Fibra de lino (en maorí en el original).
[6] Significa “canción feliz” y parece remitir a una composición tradicional y popular entre las infancias maoríes (en maorí en el original).
[7] Madre Tierra (en maorí en el original).
[8] Significa “maza” en maorí.
[9] “Te Ra” significa “del sol” o “solar” en maorí.

* Versiones en castellano de Carina Sedevich.

Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación  27 de febrero de 2025

Carina Sedevich

Se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Villa María. Cursó el doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni. Dirige Revista Ardea desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

 

María Alicia Favot

Nació en Bahía Blanca en 1957. Se formó en talleres y estudios de artistas plásticos de su ciudad adoptiva (Cipolletti, Río Negro) y en los talleres de dibujo y pintura del IUNA. Formó parte del grupo Odisea, un multitaller de pintura, letras y filosofía. Expuso desde el 2000 en muestras individuales y colectivas en nuestro país y en el Museum of the Americas (Florida, Miami-USA). La distinguieron con la “Perla de Mar” en el ciclo Arte Contemporáneo del Museo del Hombre del Puerto de Mar del Plata. Los vaivenes de la vida la llevaron también por el camino de la docencia, el derecho y la escritura. Actualmente ilustra  para la revista de arte y literatura Colofón y para Tanta Ceniza Editora. Es autora del libro Nada que nos ilumine (Factorum, Buenos Aires, 2023).

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Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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