Lenguaje inclusivo

Ecogramática
por Patricia Supisiche

Las discusiones acerca del lenguaje inclusivo e ideología de género suelen estar centradas en la oposición asimétrica entre lo femenino y lo masculino, que se manifiesta en el género morfológico, dual y binarista que no solo asigna menor jerarquía a lo femenino sino que, al mismo tiempo, excluye a un tercer género.

Actualmente, en el campo nacional, el debate se ha intensificado y es paralelo al tratamiento y a la lucha de sectores feministas por la legalización de la interrupción voluntaria de embarazos; desde tales sectores emerge la oposición al binarismo femenino/masculino y la inclusión de un tercer género, expresado por los artículos le/les y la adopción del morfema e para aquellas palabras que designen seres animadxs y humanxs. Este morfema apunta a superar tanto al esquema de la asimetría masculino/femenino como al esquema binarista.

 Aquí busco apuntalar el espectro crítico de algunos sectores acerca de la asimetría y un tipo de lenguaje discriminatorio. De hecho, el lenguaje siempre discrimina, parcela, segmenta. Lo que está en juego es el carácter asimétrico de la diferenciación, por un lado; segundo, hacia dónde se orienta esa asimetría; y tercero, cuáles son los argumentos que presentan los detractores de la lucha político-lingüística por una simetría o lo que he llamado una ecogramática.

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Lo que está en juego son los argumentos que presentan los detractores de la lucha político-lingüística por una simetría o lo que he llamado una ecogramática.

La lucha de género se da en todos los campos, esferas y, por supuesto, también en el lingüístico. Si se reclaman derechos, la lengua ocupa un lugar no menor, en una discusión sociopolítica cuyo su derrotero es más político que lingüístico, con impacto de lo primero en lo segundo. Ilustro aquí el modo como la lengua española realiza una operación de selección asimétrica en los distintos niveles morfológico, sintáctico y léxico. Seguidamente, organizaré esos fenómenos en términos de los procedimientos que subyacen a ellos.

 El rasgo fundamental que caracteriza al lenguaje no inclusivo es la asimetría, refiriéndome con este término al diferente valor y empleo de lo masculino, lo femenino y el tercer término para referirse a personas que rechazan el binarismo. Aunque la expresión de las asimetrías no se reducen a la cuestión de género sino que siempre están orientadas a los sectores mal llamados minoritarios,  a aquellos que tradicionalmente han tenido menos poder en el circuito económico.

 Tal asimetría, que permitiría designar al sistema y al uso lingüístico como discriminatorios, se expresa y se materializa a través de diferentes procedimientos en diferentes niveles del lenguaje como:

  • Asimetría por exclusión: sólo se menciona lo masculino o lo femenino: los alumnos y las alumnas.
  • Asimetría por alcance: lo masculino contiene mayores valores y, por ello, incluye a lo masculino y a lo femenino: los humanos, todos.
  • Asimetría por posición: lo masculino ocupa el primer lugar: Señores y señoras.
  • Asimetría por asimilación o rotulación unívoca: casos en los que una función doméstica se atribuye solo a lo femenino o actividades laborales asociadas sólo con lo femenino: la maestra. O al revés, algunos lexemas se asocian únicamente con funciones familiares, domésticas. Es lo que llamo asimetría inversa.

Estos distintos procedimientos replican o se registran en los distintos niveles del lenguaje. Por ejemplo, lo que ocurre con la Morfología, tema más ampliamente difundido, en donde se expresa el binarismo masculino/femenino que, orientado a lxs seres animadxs, se resuelve en macho/hembra.

Esta oposición binarista de género se correlaciona con determinados morfemas. De ellos, el masculino es el que tiene la capacidad de incluir y extender su alcance a seres machos, hembras y a híbridos a través del morfema o.

Cuando el par diferenciador de género es léxico, como por ejemplo, hombre/mujer, el término masculino puede incluir a los femeninos porque el primero es genérico. Es decir, hay una asimetría entre lo masculino y lo femenino ya que la situación inversa, como un femenino genérico, no es posible. La asimetría registrada opera por medio de dos procedimientos: por alcance respecto de la mayor amplitud del masculino por sobre el femenino. También se da la asimetría por exclusión porque se mantiene el esquema binario de macho/hembra.

La triple distinción de género es un fenómeno de reciente emergencia, por lo que no está contemplado en el sistema morfológico. Más allá de las cuestiones sociopolíticas que se dirimen en estas discusiones, es hacia el tercer factor y estos nuevos empleos hacia donde se dirigen las mayores críticas y rechazos de sectores más conservadores. También podemos detenernos en lo que ocurre cuando las palabras se relacionan, con lo que ingresamos en el campos de la Morfosintaxis.

En este nivel podemos ilustrar algunas opciones que ya no son preferenciales, como por ejemplo, la adopción, por parte de la mujer, del apellido del esposo, precedido de la preposición de, que significa posesión. Este uso presenta diferentes modalidades que no desarrollaré por razones de espacio, aunque aún hay formularios y declaraciones juradas, como el pasaporte, que solicitan, en caso de que la declarante sea mujer, su apellido de casada. Como la opción inversa no es posible, estamos ante un caso de asimetría. Este uso era habitual hasta hace unos pocos años, aunque continúa vigente en algunas regiones del país como el Noroeste, por citar algún caso. Legalmente dejó de emplearse con la ley de matrimonio igualitario de 2015, que sustituyó a la reglamentación de 1969:

Esta norma fue modificada con la sanción de la Ley del Matrimonio Igualitario para incluir a parejas de padres o madres del mismo sexo, y el orden pasó a ser optativo para hijos de todo tipo de parejas. Cada cónyuge pudo añadir a su apellido el de su cónyuge, precedido por la preposición ‘de’. (Giordanino, De Cucco Alconada,  2017, p. 4)

El empleo del apellido de casada es, actualmente, una opción marcada, al menos en los grandes conglomerados urbanos de la región centro del país.

También dentro de la sintaxis, entendiéndola como  la relación entre elementos en el sintagma, hay algunos casos que ilustran cierta asimetría y discriminación negativa. Así, el orden de los elementos en la frase es uno de los fenómenos ilustrativos En gramática y sintaxis, lo que está en primer lugar es lo destacado, es aquello en lo que se enfatiza, de lo que se habla, correlativo, muchas veces, del agente de la acción y el sujeto gramatical (Ghío-Fernández 2008, p. 9).

Más allá de la coexistencia de diferentes alternativas para limitar la preminencia de lo masculino como X, @, o, a, e y apuntar a alguna equidad, si optamos por la variedad genérica, queda pendiente seleccionar el orden de las opciones. ¿A quién nombramos primero? ¿A ellos, ellas, elles? Esto implica también cierta asignación de jerarquía.

Hay otros casos más relacionados con el orden de los elementos: uno de ellos es la asignación de identidad de los sujetos, a través de la selección de la nominación por el apellido paterno. A partir de 2015, con el nuevo Código Civil y Comercial de 2014, fueron derogadas las alternativas de la ley 18.248 de 1969 que establecía las normas para la inscripción de nombres de las personas naturales: estas llevaban un solo apellido, el paterno.

Así,

… el niño debía tener el apellido del padre o el apellido compuesto del padre u optar por el doble apellido. En ese caso, se inscribía primero el del padre y después el de la madre. Si no había acuerdo, los apellidos se ordenaban alfabéticamente. También era optativo para la mujer casada añadir a su apellido el del marido, precedido por la preposición ‘de’.(Giordanino, De Cucco Alconada,  2017, p. 4)

En la nueva norma, se presentan varias alternativas. Una de ellas es la posibilidad de llevar doble apellido (padre/madre) o el materno. Según uso y costumbre, en primer lugar va el apellido paterno y luego el materno. Por defecto es así. Optar por el apellido materno en primer lugar o sólo el materno, supone una explicitación de ese requerimiento, con el esfuerzo que implica deber  hacer las gestiones correspondientes.

Como vemos, esta asimetría está en desuso y lo que era no marcado ya dejó de serlo. Otro uso, abandonado actualmente, quedaba claramente ilustrado en los anuncios de bodas y nacimientos del hijo e hija. En ambos se enfatizaba en los padres de los novios y en el padre del recién nacido o nacida. Ese uso significaba asignar mayor relevancia a lo masculino, asimetría reflejada en la ubicación inicial (preferencial) de lo masculino en primer lugar.

Sumando otro nivel, el de las relaciones funcionales y léxicas que suponen ciertos vínculos de orden, función y significado de las palabras, también hay casos representativos. Por ejemplo, en una frase como XX desposó a ZZ, el verbo desposar implica un agente responsable de la acción y un objeto (pasivo) sobre el que recae el proceso. Muy importante es que la asociación esperada es que XX sea un masculino y ZZ un femenino. Si bien ya no es usual, se trata de un caso de asimetría por exclusión ya que no era posible una posición y relación funcional inversa.

Desde el punto de vista del significado de las palabras o nivel léxico, es, como el morfológico, el más evidente y el que registra mayor cantidad de ejemplos. Sólo mencionaremos algunos de ellos. En la mayoría de las ilustraciones, predomina la asimetría por exclusión, por alcance o por asimilación.

  1. Señor, para expresar denominación de respeto en el ámbito formal, mientras que señora también agrega el rasgo de casada.
  2. Señorito: término formal que aludía al hijo de una familia aristocrática: mientras que, nuevamente, señorita se refería (y refiere) a la joven no casada.
  3. Soldado, capitán, mariscal, general, con inexistencia de la denominación femenina. Una excepción la representa la Generala Juana Azurduy, ascendida postmortem.
  4. Juez, fiscal, intendente, concejal, etc., que ofrecen vacilaciones; sólo la forma masculina con artículo masculino (cada vez menos frecuente) o forma masculina con artículo femenino. Nótese, además, que en el link de la RAE sobre consultas lingüísticas (actualización 2018), una de las acepciones de presidenta, juez, concejala y fiscala es la mujer (no la pareja) del presidente, juez, concejal y fiscal, respectivamente. Mientras que la posibilidad inversa no es mencionada: juez como el hombre de la jueza.
  5. Asimilación o asimetría inversa: está extendida la denominación de maestra para todo/a docente del Nivel Primario; esto representa una asimetría inversa y denota que las funciones de servicios se relacionan más con las mujeres.
  6. Otro caso de asimetría inversa lo representa la antigua denominación sesgada del Sindicato de Empleadas Domésticas, marca que posteriormente determinó la modificación por el de Sindicato de Personal de Casas Particulares.
  7. La etimología de algunas palabras y su asociación actual como patrimonio, que alude a bienes materiales; y matrimonio que se refiere al ámbito doméstico y privado (Bordelois, 2003).
  8. La mención de un hombre respecto de su pareja: ‘mi mujer’, caso en el que la inversa es imposible: ‘mi hombre’: les presento a mi mujer/mi hombre.

Todos los casos abordados tienen en común la asimetría de género en los niveles gramaticales. Es decir, la asimetría sexista y la negación del género son transversales y se presentan en diferentes niveles gramaticales. Sin embargo, esta asimetría se comporta de manera diferente según el nivel. En el nivel morfológico y léxico, los rasgos contienen un gran número de fenómenos o ejemplos concretos. Lo mismo ocurre en el nivel sintáctico: sin embargo, a pesar de su ocurrencia, el énfasis por posición es menos visible por su carácter más abstracto, con menores evidencias materiales en el sentido de que se encuentren materializados en alguna ‘forma’ que opera como mediadora. Asimismo, como hemos visto, hay algunos casos particulares actualmente en desuso. Con esto quiero resaltar que la eliminación de la asimetría de género no se reduce a las cuestiones de género (morfológico) sino que exige más discusiones ya que todo el sistema y  todos sus niveles se ven involucrados.

Estas observaciones conducen a otras reflexiones, como por ejemplo, la relacionada con las opciones unitarias, binarias o ternarias en las opciones de género (morfológico) y el rechazo que provoca en una institución como la Real Academia Española (RAE) y en grupos de hablantes que esta cuestión sea puesta en una agenda de discusión.

Interesa destacar que, más allá de las críticas al lenguaje inclusivo, la RAE ha ido variando de postura desde 2005 a la fecha. Recordemos además que la propia Academia ha ido flexibilizando su propia normativa: desde prohibir el empleo de ‘presidenta’, por ejemplo, pasó a admitirlo como posibilidad y a emplearlo en sus propias denominaciones a partir de 2010, al menos. También registran los propios discursos de sus autoridades el reconocimiento de la asimetría por alcance y encabezan sus discursos con Señoras y señores.

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En el contexto actual lo verdaderamente transgresor es el uso de la e, como en todes, que ha desatado enfáticas posiciones de rechazo.

Este registro da cuenta de un reconocimiento implícito de la necesidad de la diversidad. Por ello, en el contexto actual, lo verdaderamente transgresor es el uso de la e, como en todes, que ha desatado enfáticas posiciones de rechazo.

 Desconozco ciertamente cuál será el desarrollo de estos nuevos usos, especialmente el del morfema e, cuestiones que ingresan dentro del campo de los cambios lingüísticos. Ya sean innovaciones pasajeras o cambios que afectan a todo el sistema (Coseriu, 1958), las modificaciones lingüísticas son intencionales, aunque no sean conscientes. No obstante y a diferencia de otros cambios, los empleos que apuntan a la eliminación de la asimetría de género no son ciegos ya que son conscientes, no están motivados por alguna razón mecánica, fisiológica o por redundancia, sino  socio-ideológicamente e irían a contramano de algún propio regulador del sistema que consiste en el logro del mejor resultado con el menor esfuerzo. Esta última aparente limitación podría tener su contrapeso en el papel difusor de las redes sociales y en el activismo político de los sectores a la cabeza de la innovación. Es un cambio de abajo hacia arriba que proviene de un amplio colectivo social, políticamente identificado e identificable.

 Uno de los objetivos de este ensayo es ilustrar cómo la gramática como sistema abstracto está atravesada por la asimetría de género. Por ello, elegí casos particulares, de los cuales algunos ya están en desuso. Este carácter provisorio es puntapié para que reflexionemos sobre uno de los argumentos empleados por parte de la RAE en su Libro de estilo de la lengua española (2018) en el que ratifica el rechazo al lenguaje inclusivo no sexista.

 Diferentes referentes institucionales de la RAE han procurado minimizar el ámbito de conflicto lingüístico con diversos argumentos. Uno de ellos es el de término no marcado: el género masculino es no marcado; de allí su posibilidad de extender su alcance y cubrir, casi como con una manta protectora, a lo femenino; por supuesto, la tercera opción ni siquiera es mencionada. El término no marcado es el elemento que representa a la oposición entera, que contiene lo común a los dos miembros de la oposición (Ducro-Todorov, 1983, p. 137). Es el extensivo, mientras que el marcado tiene un uso más limitado. Este argumento para sostener el estado actual de cosas es falaz: término marcado y no marcado no hacen referencia a fenómenos del sistema sino del uso, como lo demuestran los ejemplos que hemos visto en la denominación del apellido en los hijos, en el de la mujer casada, en asociaciones sintáctico-léxicas, etc. En síntesis, lo marcado y lo no marcado son términos variables y relativos a un momento de un sistema lingüístico dinámico, no ejes de referencia y sostén de la inmutabilidad de los sistemas lingüísticos.

 Hoy nos autoconvocamos para visibilizar conflictos frente a otras posiciones, como las regulaciones institucionales de la RAE que sostienen e irradian una visión optimista en la búsqueda de una comunidad ideal, paralela a cierta minimización de todo lo que signifique el análisis crítico de las formas lingüísticas. Sus propuestas tienen que ver con la exaltación de una panhispanidad y panmasculinidad en la que se combinan y entremezclan factores tan poderosos como la obtención de beneficios materiales y de rendimiento económico y donde la lengua es una base material más de ese engranaje, un objeto más en el circuito mercantil.

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El  lenguaje inclusivo es un frente de batalla en la gran lucha por el reconocimiento de la diversidad y por los derechos humanos, de entre los cuales la lengua es uno más.

De allí que el lenguaje inclusivo, con toda la inestabilidad que contiene y expresa, es un frente de batalla en el marco de la gran lucha por el reconocimiento de la diversidad y por los derechos humanos, de entre los cuales la lengua es uno más. En este contexto, cobra significación la propuesta de la ecogramática a la que me referí antes: una gramática que haga visibles las asimetrías lingüísticas para reflexionar críticamente sobre ellas. Si la lengua tiene, entre otras funciones, dar entidad, la ideología del lenguaje inclusivo tendría por objetivo poner el foco y dar existencia a la base conflictiva, a las luchas y tensiones entre los actores sociales y al reclamo por la distribución desigual de bienes, servicios, derechos y oportunidades.

Referencias

Almahano Güeto, I. (1999). «El lenguaje jurídico-administrativo alemán. Propuestas para una mayor igualdad lingüística», en M. D. Fernández de la Torre Madueño, Medina Guerra y L.Taillefer de Haya (eds.), El sexismo en el lenguaje, Málaga, CEDMA, págs. 317-328.

Bordelois, I. (2003). La palabra amenazada. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

Coseriu, E, (1958). Sincronía, diacronía e historia. Montevideo: Universidad de la República, Facultad de Humanidades y Ciencias.
Ducrot, O – Todorov, T. (1983). Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje. México, Siglo XXI.

García Negroni. M. (2006). El arte de escribir bien en español. Buenos Aires: Edicial.

Ghío, e. – Fernández, d. (2008). Lingüística Sistémico-Funcional. Santa fe: UNL.

Giordanino, E. – De Cucco Alconada, M.C. (2017). Los nombres en Argentina a partir del nuevo Código Civil y Comercial. Facultad de Filosofía y Letras VI Encuentro Nacional de Catalogadores, Buenos Aires.

Ley 26618 de matrimonio igualitario 2010.

Parlamento europeo (2008). Informe sobre el lenguaje no sexista en el Parlamento Europeo.

RAE (2018). Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica. Madrid: Espasa.

Wodak, R. – Meyer, M. (comp.) (2003) Métodos de Análisis Crítico del Discurso. Barcelona: Gedisa.

 

Fotos de la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM y de sitios públicos de internet.

Icono fecha publicación  28 de noviembre de 2019.

Patricia Supisiche

Es doctora en Letras, especialista en Lingüística, magister en Gestión Educacional, profesora y licenciada en Letras. Ha dirigido numerosos proyectos de investigación acreditados por organismos oficiales. Es docente regular titular de la licenciatura en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María y de la Escuela de Letras de Universidad Nacional de Córdoba. Ha desarrollado actividades de formación de grado, posgrado y extensión en Lingüística, Gramática y Escritura académicas. 

Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Catamarca 1042, Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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