Mauro Césari

Artefactos visuales
por Normand Argarate

Lo primitivo es lo moderno

A comienzos del siglo XX las vanguardias artísticas convergentes en el Dadaísmo proponían “el retorno a un primitivismo seco y estrepitoso” como escribió Tristán Tzara. En 1918 con el célebre manifiesto redactado en el Cabaret Voltaire de Zúrich, Suiza, nació el movimiento artístico que transformaría las maneras de producir arte y, fundamentalmente, las nuevas formas de percibir al arte.

Se recuperaba así la afirmación de autonomía y libertad en la deconstrucción de todas las formas artísticas para un reordenamiento lúdico y performático y se generaba una mutación de toda nuestra máquina perceptual. Sin embargo, lo que se proponía como la revolución de la modernidad era un retorno a la huella antigua, al descubrimiento del asombro en la conjuración de las formas, al ademán chamánico para constelar el espíritu en figura material.

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La poesía visual es una forma experimental en la que la imagen, el elemento plástico en todas sus facetas, técnicas y soportes, predomina sobre el resto de los componentes.

En el campo artístico y dentro de las múltiples formas de la palabra, la poesía es quizás el espacio de mayor experimentación, donde el lenguaje es reformulado una y otra vez. De un tiempo a esta parte la poesía visual ha ganado espacio y adeptos, y si bien es una práctica antigua, desde mediados del siglo XX se fue expandiendo cada vez más. Pero en definitiva, cuando decimos poesía visual, ¿a qué nos referimos?

Lo primero a señalar es que la poesía visual es una forma experimental en la que la imagen, el elemento plástico en todas sus facetas, técnicas y soportes, predomina sobre el resto de los componentes, sobresaliendo en la síntesis final. Esta forma de poesía no verbal constituye un género propio y en el campo de la experimentación sus creadores se mueven en la frontera entre los géneros y las artes como la pintura, la acción poética, el teatro, la música y la misma lírica discursiva. Esto da lugar a diversas formas de poética: poesía visual -concretismo, letrismo, semiótica-, poesía objetual, poesía fonética, poesía sonora, poema acción, pseudovisual, entre otras muchas formas de experimentar con los lenguajes.

Para una mayor comprensión hay que decir que en un poema visual hay dos componentes fundamentales, el icónico y el verbal, aunque también puede participar en su aspecto visual el lenguaje sonoro, el fonético, el lenguaje matemático, entre otros.

Primero fue El huevo

Los antecedentes de la poesía visual se remontan a 300 años antes de Cristo, cuando Simmias de Rodas inventó el caligrama titulado El huevo, uno de los poemas figurados más antiguos que se conservan de Occidente. La lectura que propone no es de arriba hacia abajo sino del centro hacia la periferia, en forma de espiral, a la manera en que eran concebida en la naturaleza las leyes de la creación, sugiriendo con el itinerario de lectura, al mismo tiempo, la forma del huevo y la condición cíclica y perpetua de dicho proceso. El huevo, símbolo de la vida para los griegos, se reconfiguraba en un objeto artístico.

Entre otros antecedentes de la poesía visual podríamos citar a Rabelais (1494-1553) con el caligrama El sombrero y por supuesto los clásicos ejemplos de Guillaume Apollinaire (1880-1918) con su obras La dama con sombrero o La torre Eiffel y Stéphane Mallarmé (1842-1898) como los referentes de un movimiento constante y  expansivo que ha tenido epígonos maravillosos como las experimentaciones de la Poesía Concreta Brasileña, creada en 1956 por Haroldo de Campos, Augusto de Campos y Décio Pignatari. En nuestro país, es el poeta Oliverio Girondo quien inicia la poesía visual con su poema Cantar de las ranas de 1932; continúa en 1966 el Grupo Diagonal Cero liderado por el artista Edgardo Antonio Vigo y sigue en 1990 con el Grupo Paralenguas. Desde hace varios años hasta la actualidad, Vórtice Argentina organiza encuentros internacionales de Poesía Visual, Sonora y Experimental. Entre los nombres sobresalientes no podemos dejar de mencionar a Mirtha Dermisache.

Poesía experimental en Córdoba

Este largo exordio es para destacar la obra experimental del poeta Mauro Césari, quien desde Córdoba capital construye un trabajo original e inclasificable en permanente renovación.

Mauro nació en Paraná, Entre Ríos, en 1977. Es poeta y psicoanalista especializado en niñez y adolescencia. Poemas, artefactos y módulos visuales suyos han aparecido en exposiciones, fanzines, en ejemplares únicos y pequeñas ediciones en países de América y Europa. Publicó El entrerrianito (Alción, 2009, Primer Premio Estímulo a la actividad creadora en poesía), Prótesis para fantasmas (Avantacular Press, 2010), El fonema Mut (Spiral Jetty, 2011) y El orégano de las especies (Alción, 2011). Este último es un texto elaborado sobre las páginas de El origen de las especies de Charles Darwin a partir de la técnica de recorte o cut-up, lo que genera una alteración que llega a abrir el “revés del texto” original, su no-dicho, su reversión en el caos simbólico, su contagio creador. El significado se desprende de su fijación fósil y se aventura en la experimentación, en el sentir propio de la experiencia. Autor además de los títulos Una tarde en ciudad ganglio (Vox, 2014), Animales (El ojo de mármol, 2017), El espía psíquico (Borde Perdido, 2018) y Variaciones Fabre (Prebanda, 2019). 

Por otra parte, Césari dirige la colección Un lento venir viniendo, en la que ha tenido a su cuidado ediciones de Héctor Libertella, Jorge Santiago Perednik, David Wapner y Lorenzo García Vega, con quien escribió la nouvelle experimental La nieta del prócer (2012, inédita).

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Adentrarse en la obra de Mauro Césari es multiplicar las lecturas de un universo en expansión donde densidades hechizadas constelan los agujeros negros de la lengua.

Puede decirse que Una tarde en ciudad ganglio logra sintetizar las búsquedas estéticas de Césari. Aquí, en un retorno pulsátil, el poeta desmonta toda la iconografía de los manuales médicos para reconfigurar un nuevo cuerpo textual donde la palabra y la imagen establecen juegos de correspondencia especular. La lectura nos sugiere un desarreglo nomádico de todos los sentidos y a la vez postula una aproximación a la pareidolia, ese singular fenómeno o proceso psíquico a través del cual un estímulo vago y aleatorio -habitualmente una imagen- es percibido erróneamente como una forma reconocible.

Mauro Césari afirma que trabaja con la noción de chatarra textual y con los efectos de la destrucción del significante, poniendo de relieve la materialidad del texto, su visualidad y su presencia como imagen a ser vista y no necesariamente como texto a ser leído, decodificado. De esta manera convoca al fantasma de la escritura, es decir, el signo que lo precede, e instaura la escena que hace posible su aparición, revelando el envés de las formas y produciendo un estallido alucinatorio. El mismo Césari en un artículo periodístico señala: “Lyotard escribe: construir sentido es siempre deconstruir la significación. No hay modelo asignable para esta configuración evasiva. No hay un sentido previo del libro; la lengua, víbora anfibológica, enuncia simultáneamente su propia piel fantasma. Es como cuando aparece un lapsus en el lenguaje. El lapsus es importante no porque diga una verdad oculta, el sucio secretito o el remate tranquilizador del poema que nos devolvería sanos y salvos al surplus del sentido, sino porque pone la máquina a dubitar. En ese lapso aparecen los espectros, una especie de insistencia de discontinuidad que abre un pequeño tokonoma donde lo que emerge en el instante es el propio delirio de la lengua, esa diferencia o resto inasimilable, agenciando y siempre en fuga. Escribir el trazo es anudar el lenguaje a lo imposible de decir”.

En definitiva, adentrarse en la obra de Mauro Césari es multiplicar las lecturas de un universo en expansión donde densidades hechizadas constelan los agujeros negros de la lengua.

Fotos de Mauro Césari y de sitios públicos de internet.

Icono fecha publicación   27 de enero de 2022

Normand Argarate

Normand Argarate nació en Córdoba en 1964. Es poeta, escritor y periodista. Ha publicado los libros de poesía Tomad y Bebed (1984), Mujer en el Jardín (1992), La belleza de los gestos inútiles (2000) y Punga de Bondi (2007), el libro de crónicas Cosas de perros (Eduvim, 2008) y El Libro de Edith, ensayo sobre la obra de Edith Vera (2019). Se ha desempeñado como editor del suplemento cultural El Corredor Mediterráneo (2004/2017). Fundador de las revistas literarias Huérfanos (1984) y El gran Dragón Rojo y la mujer vestida de sol (1987). Colabora con diversos medios de comunicación.

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Universidad Nacional de Villa María

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Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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