Poesía maorí III

Jacqueline Cecelia Sturm
por Carina Sedevich | Ilustraciones de María Alicia Favot

Si la poeta con la cual abrimos esta serie, Evelyn Putuawa Nathan, es de la que menos referencias se encuentran con respecto a su vida y obra, J.C. Sturm es quizás, en cambio, la más reconocida. No es porque sus orígenes hayan sido más amables, sin embargo, ni porque en su contexto social y trayectoria de vida no haya encontrado obstáculos de todo tipo.

Jacqueline Cecelia fue el nombre que le dieron sus padres adoptivos, los Sturm: la madre biológica falleció a los pocos días del nacimiento de la bebé y su padre la dejó, en un principio, al cuidado de la abuela materna. Pero la abuela enfermó y tuvo que dar la criatura en adopción. Jacqueline nació en Ōpunake, Taranaki, en 1927 y durante toda su infancia y adolescencia sufrió bullying y discriminación racial. Tanto padecía que durante un tiempo dejó de ir a la escuela y afirmaba que no quería volver nunca más. Sus padres adoptivos, por fortuna, le dieron muchísimo apoyo para alentarla a seguir e hicieron sacrificios para brindarle la mejor educación posible. Jacqueline aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron, llegó lejos con su carrera académica y obtuvo reconocimiento como escritora de narrativa y poesía. Todo esto a pesar de que su primer esposo, también escritor y académico, desalentara y opacara de manera sistemática su obra; todo esto a pesar de tener que encargarse de cuidar y sostener económicamente a sus hijos y sus nietos hasta el final de su vida. Falleció en Paekākāriki en 2009. 

Además de abrir el camino para la visibilización y valoración de las escritoras de origen maorí que vinieron después de ella, J.C. Sturm fue una gran activista por los derechos de su pueblo. Esto es notable en los poemas escogidos para esta entrega, así como la lucidez, la profundidad y la delicadeza que caracterizan la escritura de la poeta. 

Si la poeta con la cual abrimos esta serie, Evelyn Putuawa Nathan, es de la que menos referencias se encuentran con respecto a su vida y obra, J.C. Sturm es quizás, en cambio, la más reconocida. No es porque sus orígenes hayan sido más amables, sin embargo, ni porque en su contexto social y trayectoria de vida no haya encontrado obstáculos de todo tipo.

Jacqueline Cecelia fue el nombre que le dieron sus padres adoptivos, los Sturm: la madre biológica falleció a los pocos días del nacimiento de la bebé y su padre la dejó, en un principio, al cuidado de la abuela materna. Pero la abuela enfermó y tuvo que dar la criatura en adopción. Jacqueline nació en Ōpunake, Taranaki, en 1927 y durante toda su infancia y adolescencia sufrió bullying y discriminación racial. Tanto padecía que durante un tiempo dejó de ir a la escuela y afirmaba que no quería volver nunca más. Sus padres adoptivos, por fortuna, le dieron muchísimo apoyo para alentarla a seguir e hicieron sacrificios para brindarle la mejor educación posible. Jacqueline aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron, llegó lejos con su carrera académica y obtuvo reconocimiento como escritora de narrativa y poesía. Todo esto a pesar de que su primer esposo, también escritor y académico, desalentara y opacara de manera sistemática su obra; todo esto a pesar de tener que encargarse de cuidar y sostener económicamente a sus hijos y sus nietos hasta el final de su vida. Falleció en Paekākāriki en 2009. 

Además de abrir el camino para la visibilización y valoración de las escritoras de origen maorí que vinieron después de ella, J.C. Sturm fue una gran activista por los derechos de su pueblo. Esto es notable en los poemas escogidos para esta entrega, así como la lucidez, la profundidad y la delicadeza que caracterizan la escritura de la poeta. 

In Loco Parentis [1]

Hace veinte años me plantaron, me nutrieron 

me formaron, me podaron, me injertaron

sólo para obtener una planta nativa

que siempre será nativa.

 

Cómo estar fuera de lugar, de tono, de contexto 

con el tiempo se convirtió en una preferencia

y no en un dolor, apenas importa ahora.

In Loco Parentis [1]

Hace veinte años me plantaron, me nutrieron 

me formaron, me podaron, me injertaron

sólo para obtener una planta nativa

que siempre será nativa.

 

Cómo estar fuera de lugar, de tono, de contexto 

con el tiempo se convirtió en una preferencia

y no en un dolor, apenas importa ahora.

In Loco Parentis 

Twenty years they planted, nurtured 

Trained, pruned, grafted me

Only to find a native plant

Will always a native be.

 

How being out of step, place, tune, joint 

In time became a preference

Not a pain, hardly matters now.

In Loco Parentis 

Twenty years they planted, nurtured 

Trained, pruned, grafted me

Only to find a native plant

Will always a native be.

 

How being out of step, place, tune, joint 

In time became a preference

Not a pain, hardly matters now.

Optimismo Marrón 

Con el polvo del trabajo en un día de verano

se deslizan con el paso indiferente de la gente que viene

de ninguna parte, yendo a ninguna parte, sonrientes, cansados,

y maldiciendo y burlando los Pākehā

Veneer [2]. Para ellos la vida es una farsa pueril,

teñir de blanco el marrón que mancha sus vidas.

Su antiguo mundo ha desaparecido, y en el pā [3]

la muerte de las tradiciones pasadas de una

orgullosa raza es lamentada por los viejos entre dientes

en los suaves tonos de una lengua melodiosa y despreciada.

Buscás el futuro en la alegría del hombre blanco;

cantás tus canciones imitando su tonada estúpida;

cambiás tu ritmo al compás de la banda de jazz;

y te esclavizás y sudás por una moneda tan fácil de gastar;

jugás una partida perdida con dados cargados

y no conocés reglas que te permitan ganar una oportunidad;

Mientras Pākehā [4] espera en silencio con

una sonrisa, para mover a su voluntad a través de

el tablero de su política y su fe.

Un niño pasó; descuidado, mal vestido

imitando el gesto del hombre blanco.

Pies duros sobre duro suelo corriendo en el calor

para gastar el dinero del hombre blanco en el negocio del

hombre blanco. ¿Y qué hay para vos, oh niño

del orgullo maorí? ¿Serás tragado por

la marea creciente, y mezclarás tu sangre hasta que todo

tu legado se haya perdido?

No será así.

El marrón debe aprender las reglas del blanco para ser

un jugador en igualdad de condiciones;

y el blanco debe dejar de pisotear

estas hojas oscuras del árbol polinesio.

Cuando esto se haga, y cada uno valore al otro

de la unión surgirá una nueva

raza viva, con coraje y fuerza para enfrentarse al mundo

y encontrar por fin su lugar y misión en la vida.

Optimismo Marrón 

Con el polvo del trabajo en un día de verano

se deslizan con el paso indiferente de la gente que viene

de ninguna parte, yendo a ninguna parte, sonrientes, cansados,

y maldiciendo y burlando los Pākehā

Veneer [2]. Para ellos la vida es una farsa pueril,

teñir de blanco el marrón que mancha sus vidas.

Su antiguo mundo ha desaparecido, y en el pā [3]

la muerte de las tradiciones pasadas de una

orgullosa raza es lamentada por los viejos entre dientes

en los suaves tonos de una lengua melodiosa y despreciada.

Buscás el futuro en la alegría del hombre blanco;

cantás tus canciones imitando su tonada estúpida;

cambiás tu ritmo al compás de la banda de jazz;

y te esclavizás y sudás por una moneda tan fácil de gastar;

jugás una partida perdida con dados cargados

y no conocés reglas que te permitan ganar una oportunidad;

Mientras Pākehā [4] espera en silencio con

una sonrisa, para mover a su voluntad a través de

el tablero de su política y su fe.

Un niño pasó; descuidado, mal vestido

imitando el gesto del hombre blanco.

Pies duros sobre duro suelo corriendo en el calor

para gastar el dinero del hombre blanco en el negocio del

hombre blanco. ¿Y qué hay para vos, oh niño

del orgullo maorí? ¿Serás tragado por

la marea creciente, y mezclarás tu sangre hasta que todo

tu legado se haya perdido?

No será así.

El marrón debe aprender las reglas del blanco para ser

un jugador en igualdad de condiciones;

y el blanco debe dejar de pisotear

estas hojas oscuras del árbol polinesio.

Cuando esto se haga, y cada uno valore al otro

de la unión surgirá una nueva

raza viva, con coraje y fuerza para enfrentarse al mundo

y encontrar por fin su lugar y misión en la vida.

Ilustración

Brown Optimism

With dust of labour on a summer’s day

They slouched with careless stride of people come

From nowhere, going nowhere, smiling, tired,

And cursing with a laugh the Pākehā

Veneer. For them life is a childish farce

To paint in white the brown which stains their lives.

Their ancient world is gone, and in the pā

The death of past traditions of a once

Proud race is mourned by age with mumbling gums

In soft tones of despised melodious tongue.

You seek your future in the white man’s joy;

You sing your songs to ape his foolish tune;

You change your rhythm to the jazz band’s beat;

And slave and sweat for coin so easily spent;

You play a losing game with loaded dice

And know no rules to help you win a chance;

While Pākehā stands quietly waiting with

A smile, to move you at his will across

The draughtboard of his policy and faith.

A child went past; neglected, poorly clothed

In imitation of the white man’s dress.

Hard feet on hard road running in the heat

To spend the white man’s money in the white

Man’s store. And what is there for you, oh child

Of Māori pride? Will you be swallowed in

The rising tide, and mingle blood till all

Your heritage is gone?

This shall not be.

For brown must learn from white, the rules to make

Him equal partner in the game they play;

And white must cease to trample underfoot

These dark leaves of the Polynesian tree.

When this is done, and each the other’s worth

Has found, from union will spring a new

Race keen, with courage strong to face the world

And find at last its place and aim in life.

Brown Optimism

With dust of labour on a summer’s day

They slouched with careless stride of people come

From nowhere, going nowhere, smiling, tired,

And cursing with a laugh the Pākehā

Veneer. For them life is a childish farce

To paint in white the brown which stains their lives.

Their ancient world is gone, and in the pā

The death of past traditions of a once

Proud race is mourned by age with mumbling gums

In soft tones of despised melodious tongue.

You seek your future in the white man’s joy;

You sing your songs to ape his foolish tune;

You change your rhythm to the jazz band’s beat;

And slave and sweat for coin so easily spent;

You play a losing game with loaded dice

And know no rules to help you win a chance;

While Pākehā stands quietly waiting with

A smile, to move you at his will across

The draughtboard of his policy and faith.

A child went past; neglected, poorly clothed

In imitation of the white man’s dress.

Hard feet on hard road running in the heat

To spend the white man’s money in the white

Man’s store. And what is there for you, oh child

Of Māori pride? Will you be swallowed in

The rising tide, and mingle blood till all

Your heritage is gone?

This shall not be.

For brown must learn from white, the rules to make

Him equal partner in the game they play;

And white must cease to trample underfoot

These dark leaves of the Polynesian tree.

When this is done, and each the other’s worth

Has found, from union will spring a new

Race keen, with courage strong to face the world

And find at last its place and aim in life.

Ilustración

Octubre de 1972

Mi alegría es una alegría tribal

mi soledad es una soledad fuerte

y mi pena

es un camino

de flores

que lleva al río

donde el taniwha [5] se mueve

y los papúes [6] llaman

a un padre descalzo

mi padre

discípulo del Cristo maorí.

Oigo cantar a un anciano

y hay luz de sol en su pelo.

October 1972

 My joy is a tribal joy

 My loneliness is strong loneliness

 And my sorrow

 Is a pathway

 of flowers

 Leading to the river

 Where the taniwha moves

 And the moreporks call

 For a barefoot father

 My father

 Disciple of the Maori Christ

I hear an old man singing

And there is sunlight in his hair.

Octubre de 1972

Mi alegría es una alegría tribal

mi soledad es una soledad fuerte

y mi pena

es un camino

de flores

que lleva al río

donde el taniwha [5] se mueve

y los papúes [6] llaman

a un padre descalzo

mi padre

discípulo del Cristo maorí.

Oigo cantar a un anciano

y hay luz de sol en su pelo.

October 1972

 My joy is a tribal joy

 My loneliness is strong loneliness

 And my sorrow

 Is a pathway

 of flowers

 Leading to the river

 Where the taniwha moves

 And the moreporks call

 For a barefoot father

 My father

 Disciple of the Maori Christ

I hear an old man singing

And there is sunlight in his hair.

Ilustración
Notas al pie
[1] Locución latina utilizada en Derecho que se podría traducir al castellano como «en lugar de alguno de los progenitores”. En este contexto, sin duda hace referencia a la condición de hija adoptiva de la autora.
[2] Se puede traducir como “las falsedades de los extranjeros”. Seguramente se refiere a las actitudes de los europeos hacia el pueblo maorí, que colonizaron y sojuzgaron (en maorí en el original).
[3] Bar, puede indicar también “ciudad”, pero el contexto induce a pensar en un lugar específico y apropiado para conversar entre pares (en maorí en el original).
[4] Los extranjeros, los europeos, los británicos, el “hombre blanco” al que va a referirse a continuación (en maorí en el original).
[5] Poderoso y maligno espíritu del agua (en maorí en el original).
[6] Pájaros originarios de la zona, parecidos morfológicamente a los búhos.

* Versiones en castellano de Carina Sedevich.

Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

Icono fecha publicación 27 de marzo de 2025

Carina Sedevich

Se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Villa María. Cursó el doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni. Dirige Revista Ardea desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

 

María Alicia Favot

Nació en Bahía Blanca en 1957. Se formó en talleres y estudios de artistas plásticos de su ciudad adoptiva (Cipolletti, Río Negro) y en los talleres de dibujo y pintura del IUNA. Formó parte del grupo Odisea, un multitaller de pintura, letras y filosofía. Expuso desde el 2000 en muestras individuales y colectivas en nuestro país y en el Museum of the Americas (Florida, Miami-USA). La distinguieron con la “Perla de Mar” en el ciclo Arte Contemporáneo del Museo del Hombre del Puerto de Mar del Plata. Los vaivenes de la vida la llevaron también por el camino de la docencia, el derecho y la escritura. Actualmente ilustra  para la revista de arte y literatura Colofón y para Tanta Ceniza Editora. Es autora del libro Nada que nos ilumine (Factorum, Buenos Aires, 2023).

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Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Bv. España 210 (Planta Alta), Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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