Le sens se produit dans le non-sens.
Jacques Lacan
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La primera en hablar-me fue mi mamá. Mucho. Contaba, cantaba y decía versitos. Después me hablaban la radio, los discos. Había que entender. Había que adherirse a los fragmentos dilucidados para armarse. Me habré ido aferrando a lo que aparecía en mi horizonte auditivo como a palitos boyando en el agua de los días. Después las palabras adquirieron otra materialidad, llegaron a mis ojos, pasaron a mis manos. Se hicieron cada vez más cuerpo.
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El descubrimiento de mis juegos preferidos: los del lenguaje. Sus reglas, que pueden ir moviéndose, modificándose, pero tienen que estar. Para seguir en la ilusión de ser hay que jugar los juegos del sentido. Para Olga Orozco había juegos peligrosos, “bastardos”, decía. Y otros más “elevados”, juegos “sagrados”. Los jugó a todos. Sabía que una no es nada fuera del juego, fuera del sentido atormentador.*
Me costó mucho aceptar los juegos que hacían sentido para mí. Los sagrados y los bastardos, por usar las palabras de Orozco. Los sagrados me fueron tomando de a poco, se hicieron cuerpo conmigo y no me abandonaron ni en los momentos en que los relegué. La poesía no me dejó ni cuando dejé de escribirla, durante muchos años, mientras me esforzaba por ser quien creía que debía ser, mientras me disfrazaba de “ecónoma”. Los juegos profanos también acechaban siempre, me acompañaban desde fuera de escena.
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A principios de este milenio me regalaron un mazo de tarot egipcio. Lo guardé en su estuche a lo largo de veinte años. Durante este tiempo, mudanza tras mudanza, viaje tras viaje, he ido perdiendo y olvidando cosas. Siempre supe, sin embargo, donde estaba guardado ese mazo de tarot. Hace bastante poco me animé a sacarlo de su estuche para empezar a mirarlo, a tocarlo. Las cartas, como las palabras, no dicen nada hasta que no pasan al cuerpo.

Olga dice que dejó de echar el tarot. El juego de repente se volvió terrible. Bastardo, dice ella. Ya no servía para alivianarse de sentido, digo yo.
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En La cartomancia Olga identifica su carta, la carta de la consultante, y la ve acompañada de El Loco, junto a quien ha “velado”, dice, “el puro advenimiento del milagro:/ un poema”. Y continúa: “Pero nada ha llegado./ Nada que fuera más que estos mismos estériles/ vocablos”. También se rompe, entonces, el juego del poema, ese juego sagrado, que elegimos. También nos sofoca de sentido.
Pero qué se puede hacer más que seguir jugando para intentar darnos un ser. Qué se puede hacer más que ensayar los juegos que aligeran el tormento del sentido. Los juegos del lenguaje no nos van a abandonar, estarán ahí aunque quedemos a oscuras, aunque quedemos a solas, “hasta que cese de girar la Rueda del Destino”, como vos decís, querida Olga.
Fotos y video de sitios públicos de internet. Producción audiovisual de Carolina Ramírez – Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.
31 de julio de 2025
Carina Sedevich
Se graduó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Villa María. Cursó el doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni. Dirige Revista Ardea desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.
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