Poesía en dos lenguas I

Liliana Ancalao
por Carina Sedevich

“Siento como mapuche, escribo en castellano y me autotraduzco, con torpeza, al idioma que me seduce con su inmensidad y profundidad azul”, dice Liliana Ancalao sobre sus poemas en mapuzungun, el idioma que su pueblo hablaba hace cien años apenas, antes de la ocupación del territorio por los Estados chileno y argentino.

Liliana explica que mapuzungun y mapuche no son sinónimos. Mapuzungun significa lengua o idioma de la tierra y mapuche significa gente de la tierra, pero al escribir o al hablar con interlocutores hispanohablantes se arman construcciones como “lengua mapuche” o “poesía mapuche”. “La tierra habla, todos sus seres tienen un lenguaje y todos los mapuches lo conocían” hasta que fue silenciado por “la ignorancia de los hombres que proyectaron un país sobre un territorio pleno de nombres, fuerzas y significados”.  Y ahí perdimos todos, dice, “todos los que nacimos sin saber el nombre de cada planta, cada piedra y cada pájaro de esta tierra”.

La nostalgia de su cosmovisión la llevó a recuperar su idioma, un camino que transita con asombro: “se me agranda el corazón cada vez que explico que en el mapuzungun, además del singular y el plural, existe el pronombre dual: iñchiu significa “nosotros dos”, eymu significa “ustedes dos” y fey engü significa “ellos dos”. El par es el equilibrio en nuestra cosmovisión”.

Fuiste educada formalmente en el habla y la escritura castellana. ¿Cuándo empezaste a escribir poesía? ¿Cuándo empezaste a autotraducirte al mapuche? 

Empecé a escribir poéticamente en la primaria, a escribir en formato poesía en el secundario, poemas de amor doliente por supuesto.

La autotraducción de mi poesía al mapuzungun está siendo parte de un proceso de construcción de mi identidad mapuche, una identidad personal y al mismo tiempo una identidad de pueblo originario. Yo intuía una diferencia que iba más allá de la diferencia social con mis compañeros de la escuela primaria, pero esta diferencia no tenía nombre. Había una lengua, una religión, una relación con el campo, que yo estaba recibiendo, como de soslayo, en mi casa, con mis parientes y en las vacaciones escolares que alguna vez pasábamos en el campo. No era una transmisión cultural sistemática, era casual, a veces en forma de comentarios pasados por un tamiz de auto represión, de avergonzamiento, como si se estuviese haciendo una travesura. Algo dicho entre risas.

Esta diferencia tuvo el nombre de “mapuche” en mi juventud, algo así como “¡ah!, entonces yo soy mapuche”, después de ver un documental sobre un Ngillatun, en los 80. En los 80 comencé a mostrar mi poesía y a identificarme como mapuche, en un contexto cultural artístico y político que podría llamar argentino y patagónico. Estaba estudiando el profesorado en Letras en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, me relacioné con los artistas y escritores de mi ciudad y de la región. Conocí a Aimé Painé, a Luisa Calcumil. Me casé con Lucho que es músico, nació mi primera hija. Empecé a dar clases, me recibí de profesora. Nació mi segunda hija.

Los 500 años del desencuentro que se cumplieron en el año 1992, fueron un hito en el auto reconocimiento de los pueblos originarios. Suscribí al documento del “Movimiento por la verdadera historia” que nació en Tucumán. Fue el lugar que encontré para posicionarme. Hasta que en 1994 conformamos la Ñamkulawen Lof, una comunidad de personas de origen mapuche y mapuche-tewelche, que vivimos en Comodoro Rivadavia.

Este recorrido autobiográfico es para dar cuenta de procesos simultáneos en cuyo transcurso intenté aprender el idioma materno, al mismo tiempo que busqué conceptos en castellano para contrarrestar y desmantelar discursos hegemónicos. Hablar de nuestra contemporaneidad o de nuestro derecho a elegir nuestra modernidad significaba subvertir la construcción que se había hecho de nosotros, no sólo desde la historia oficial. En la literatura indianista, por ejemplo, se referían a nosotros como la “orgullosa raza vencida”.

En eso anduve y anduvimos (surgieron muchas organizaciones y comunidades en Puel Mapu, en los 90) en una tenaz “militancia de la memoria”. Así llamo a este proceso de recuperar cada aspecto de nuestra identidad que nos fue negado, entre ellos el idioma.

La autotraducción de mi poesía al mapuzungun está siendo parte de un proceso de construcción de mi identidad mapuche, una identidad personal y al mismo tiempo una identidad de pueblo originario. Liliana Ancalao, poeta, docente e investigadora.

Entonces, considero “autotraducción” a este proceso de volver a ser, afirmando mi identidad  mapuche, sin dejar de ser contemporánea. Recuperando cada palabra escuchada en la infancia, aprendiendo frases sueltas, practicando los rituales de la espiritualidad. Buscando hablantes del mapuzungun en Comodoro Rivadavia que estuvieran dispuestos a enseñar.

En el año 1997, un lingüista me convocó a formar parte de un grupo universitario, para investigar un aspecto del mapuzungun. De esta experiencia surgieron los talleres de mapuzungun que este profesor coordinó y al que asistimos los miembros de mi comunidad, para luego ser nosotros quienes durante varios años dimos cursos de nivel inicial de nuestro idioma materno. Lo hicimos con todas las limitaciones de no tener el dominio del idioma y usar un enfoque gramatical apoyado en el escrito.

También en el 97 me invitó el poeta Elicura Chihuailaf, de Ngulu Mapu, al 1° Encuentro Sudamericano de escritores en lenguas indígenas, en Temuco. Allí me encontré con la maravilla de los escritores de distintos pueblos originarios y de sus publicaciones en ambas lenguas: la lengua originaria y la lengua colonizadora. De este encuentro me traje una modesta publicación, la antología Taller de escritores: Lenguas Indígenas de América, en la que aparece  mi poema “Esperando a Inakayal” con su traducción al mapuzungun “Inakayal taiñ üngum nefiel mew” .

Allí se potenció el deseo de dominar el idioma y de publicar mi poesía en las dos lenguas. 

¿Sentías que podías expresarte totalmente en castellano o que a tu poesía le faltaba algo antes de empezar a pensarla en mapuche también? ¿Qué palabras usarías –en mapuche o en castellano- para definir eso que le faltaba a la poesía en castellano?  

Mientras hacía mi camino “experiencial” de regreso a mi origen, escribía pensando que no estaba preparada aún para expresarme como mapuche. Publiqué mi primer libro de poesía Tejido con lana cruda , lo dividí en tres partes y en la tercera parte ubiqué los poemas que me parecía que revelaban esta identidad, sin caer en el panfleto, sin tergiversación. Esto fue en el 2001. Hoy, vuelvo a leer el libro y veo que lo mapuche está en todos los poemas.

A mi poesía le falta el kuifiche kimun, el conocimiento de la gente antigua, tengo esa nostalgia. Es un conocimiento que también está en reconstrucción, y al que voy accediendo en pequeños trozos. La traducción al mapuzungun la hago con ayuda de diccionarios y gramáticas, sigo siendo aprendiz.

Mi segundo libro Mujeres a la intemperie/pu zomo wekuntu mew del 2009 es bilingüe, lo escribí pensando en las mujeres que me acompañaron y me acompañan en esta búsqueda, se lo dediqué a cincuenta y nueve mujeres mapuches, desde mis bisabuelas hasta mi sobrina nieta, a las mujeres de mi comunidad y de otras, con quienes compartí rituales espirituales y trawunes. Quienes de distintas maneras compartieron conocimiento conmigo.

Últimamente ando ocupada en recuperar mi historicidad: historiadores, antropólogos, investigadores, mapuche y no mapuche, aportan con sus publicaciones para que podamos llenar esas páginas escondidas, silenciadas, tapadas por la historia oficial de Puel Mapu y Ngulu Mapu.

Es tan tremendamente doloroso lo que hicieron con nosotros en estos 134 años de avasallamiento y despojo, que puedo entender la timidez, la desconfianza, el temor, que notaba en mis parientes cuando niña, y al mismo tiempo la alegría de ser, en los espacios habilitados para fluir. En la medida en que voy accediendo al conocimiento vuelvo a leerme, vuelvo a leer mi vida.

¿Hay otros poetas escribiendo en mapuche hoy? 

Jaime Luis Huenún como compilador y Víctor Cifuentes como traductor al mapuzungun, publicaron La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea en España con el Centro de ediciones de la diputación de Málaga. En 2007. La antología reúne a 29 poetas. Maribel Mora Curriao y Fernanda Moraga García como editoras y Jaqueline Caniguán como traductora gestaron Kümedungun/Kümewirin, antología poética de mujeres mapuche (siglos XX-XXI). Fue 2010, el libro reúne más de 25 poetas mujeres. La mayoría de los poetas viven en Ngulu Mapu, hoy estado chileno.

¿Cómo acercan la poesía mapuche a las nuevas generaciones? ¿Cómo la receptan los jóvenes, adolescentes, niños?

Quienes se están ocupando de acercar la poesía a las nuevas generaciones son los docentes, de los tres niveles: primario, secundario, terciario y universitario. Como experiencias aisladas, por inquietud personal, de este lado del Wall Mapu. Es que para presentarla hay que contextualizarla, creo que los profes de Literatura tienen que ser a la vez profes de historia “actualizados”, “revisionistas”, “críticos”. No sé cómo es la difusión en Ngulu Mapu.

Mucho se reflexiona hoy acerca de las reglas andronormativas del idioma castellano: ¿hay algún sesgo similar que pueda atribuírsele a la lengua mapuche?  

No he reflexionado aún sobre las reglas andronormativas en el mapuzungun. Puedo decir que en el vocabulario de parentesco hay palabras diferenciadas de acuerdo al género del emisor y al género del receptor. Por ejemplo, un hombre llama peñi a su hermano hombre y lamngen a su hermana mujer; y una mujer llama lamngen a su hermano hombre y también llama lamngen a su hermana mujer. Un hombre llama fotüm a su hijo varón y ñawe a su hija mujer; y una mujer llama wentru püñeñ a su hijo varón y zomo püñeñ a su hija mujer, wentru significa hombre y zomo significa mujer y püñeñ se vincula a püñeñün que es el verbo parir o dar a luz, ¿qué bello, no?

Liliana sabe muy bien lo que es la belleza. Echa mano a la palabra -aun a la impuesta, a la ajena- para avasallar el silencio en busca de la voz propia. La belleza es un camino para volver a escribir la historia, para llorarla y rabiarla y para darle verdad, como en estos versos suyos: “como un tremendo viento/ dicen que fue el malón/ un torbellino en contra de los días/ y eso que los antiguos eran duros/ como rocas/ firmes/ ahí quedó su sangre/ desparramada / me decías abuela/ y tu recuerdo es el lago/ al que me asomo/ para sorber un trago.”

En esta nota

Liliana Ancalao es profesora en Letras por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Poeta e investigadora. Jubilada en la docencia de escuela secundaria. Integra los colectivos artístico- culturales “Peces del desierto”, y “Trovadores Patagónicos”. Como parte de la comunidad Ñamkulawen, promueve actividades de fortalecimiento cultural y Experiencias de Educación Autónoma mapuche. Publicó Tejido con lana cruda (2001), Mujeres a la intemperiepuzomowekuntumew (2009), ambos  poemarios reeditados en 2010 por El suri porfiado en Argentina; y el libro de ensayos y poesía Resuello-neyen (2018) editado por Los libros de la Marisma en España. Ha publicado artículos para revistas culturales. Su obra ha sido traducida al inglés y al francés.


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Icono fecha publicación  27 de febrero de 2020

Carina Sedevich

Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Villa María. Estudió  Semiótica en el Centro Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Es autora de dieciséis libros de poesía. Su obra poética ha sido publicada en Argentina, España y Brasil y traducida al portugués, al italiano y al mallorquín. Es maestra en Ceremonial y Protocolo y profesora de Yoga y de Meditación. Coordina Ardea | Revista de arte, ciencia y cultura desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

 

Universidad Nacional de Villa María

Secretaría de Comunicación Institucional
Catamarca 1042, Villa María, Córdoba, Argentina

ISSN 2618-5040

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